—Alejandro es el más brillante de todos los herederos. Todos hemos visto lo bien que trata a Jimena. Hasta se ganó problemas con la familia García y se enfrentó a sus propios padres y abuelo por ella. Un hombre que supera tantos obstáculos por estar a su lado, seguro se va a casar con ella.
Sin embargo, después de tantos años de relación, Julio García ya estaba casado y con hijos. Alejandro seguramente también era consciente de esto. Al ver que sus amigos ya formaban familias, era evidente que él también querría un heredero pronto.
Al ver que Jimena actuaba con normalidad y no parecía afectada por los escándalos, la familia Jiménez finalmente logró tranquilizarse.
Jimena se retiró a su habitación y cerró la puerta con llave, aislándose de todos.
Se sirvió un vaso de agua tibia y, justo al dar el primer sorbo, le llegó una notificación de Z.A. Últimamente le había mandado decenas de mensajes sin obtener respuesta. Se apresuró a abrirlo, pero la sonrisa forzada en su rostro se desvaneció al instante.
En la pantalla, brillaban las frías palabras de Alejandro:
«El plazo de seis meses está por cumplirse.»
«Ve hablándolo con tu familia de una vez.»
Cada palabra le heló la sangre. Sintió como si le hubiera caído un rayo encima y cayó desplomada sobre la cama. Con los dedos temblorosos, respondió:
«Quiero verte mañana, tengo algo que enseñarte.»
...
A la mañana siguiente, en el Grupo Zavala.
Cuando Jimena llegó, vio a Mateo Vicario junto a la máquina de café, preparándole la bebida al jefe.
—Déjame hacerlo a mí... —dijo ella.
Mateo, al ver a Jimena después de tanto tiempo, pensó en rechazar la oferta.
Con voz helada, Jimena añadió:
—Asistente Vicario, trabajamos juntos mucho tiempo. ¿No me vas a hacer este pequeño favor?
Mateo no tuvo más remedio que ceder:
—Se lo encargo, señorita Jiménez.
No obstante, no se marchó. Se quedó a un lado observando en silencio cómo ella preparaba el café con esmero. Cuando terminó y tomó la bandeja, Mateo se adelantó y le abrió la puerta de la oficina presidencial.
Jimena respiró hondo.


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