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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 359

Camilo la llevaba con cuidado en la silla de ruedas y se dirigieron lentamente hacia el jardín del hospital. Esa pregunta que Lucía había guardado en lo profundo de su corazón por tanto tiempo por fin llegó a la punta de su lengua, pero aún le costaba trabajo soltarla.

«Camilo, ¿acaso siempre me has odiado?»

Justo cuando había reunido el valor para hablar, se encontraron de frente con Jimena y Daniela.

Las heridas de Jimena aún no sanaban del todo; iba apoyada en muletas y caminaba con paso un poco inestable. Sin embargo, su carácter siempre había sido fuerte e implacable. Cargaba sobre sus hombros con el sustento de toda su familia y las responsabilidades de su nueva empresa; todos dependían de ella. Simplemente no podía permitirse el lujo de descansar.

Camilo esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo:

—Vaya, sí que es aferrada. Hace la pareja perfecta con mi hermano.

Fue entonces cuando Daniela los vio y corrió hacia ellos enfurecida:

—Lucía García, ¿tú tuviste que ver con el accidente de mi prima?

Lucía no se quedó callada:

—¿Entonces tú fuiste la culpable de mi accidente?

—¡Te lo tienes bien merecido, maldita víbora! —gritó Daniela.

—¡Daniela! —Jimena la detuvo, fijando su mirada en Camilo para advertirle a su prima—: Él es el hermano de Alejandro.

Al escuchar eso, Daniela bajó los humos al instante, tragándose por completo su actitud prepotente. Repasó de arriba abajo a Camilo: tenía una tez impecable, unos rasgos muy definidos y un porte sumamente educado y dócil. Lucía como el típico chico suave que después de casarse solo obedece a su mujer.

De inmediato, Daniela cambió su expresión a una mucho más amigable e intentó iniciar una conversación:

—Oye, Camilo, ¿en qué universidad estudias?

Camilo la miró con absoluto desdén, sin un solo rastro de calidez en el rostro, y le soltó secamente:

—Quítate, adefesio.

Los dos hermanos Zavala eran igual de cortantes. Uno le había dicho que ella y el tosco pretendiente de la cita a ciegas hacían bonita pareja, y el otro le llamaba fea directamente. Las ofensas se acumularon y derrumbaron al instante las defensas de Daniela; se le enrojecieron los ojos y una mezcla de humillación y dolor se apoderó de ella, al punto de casi soltarse a llorar ahí mismo.

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