Ya con más confianza, el grupo de Claudio Zarate invitó con entusiasmo a Alejandro Zavala a unirse a ellos al día siguiente para salir a pasear y disfrutar del paisaje.
Aprovecharon para invitar también a Diego Paredes y a las otras dos chicas, pensando que sería más divertido si iban todos juntos.
Diego hizo un gesto con la mano y rechazó la invitación:
—Nosotros ya recorrimos todo, así que no nos vamos a sumar al alboroto.
Alejandro también declinó con voz serena, explicando que al día siguiente iría a ver el amanecer, por lo que no participaría en la excursión en grupo.
Al escuchar que quería ir a ver el amanecer, todos asumieron de inmediato que iría a solas con Jimena Jiménez y cambiaron de opinión; nadie quería hacer de mal tercio y arruinar aquel momento romántico.
Lucía García soltó un suspiro de alivio en secreto.
Alejandro realmente había ido de turismo.
A fin de cuentas, ella se había estado armando películas en la cabeza por nada. Al regresar a su habitación, Lucía dio vueltas en la cama y le costó mucho conciliar el sueño.
Al día siguiente, el cielo estaba completamente despejado. Diego alquiló un auto deportivo descapotable color rosa para Lucía e Isabel.
Ese día irían a otra atracción turística en ese auto.
El trayecto era un poco largo, pero el paisaje a lo largo de la ruta valía la pena; además, vendían café muy famoso y la zona siempre estaba llena de gente.
Los tres se alistaron y, justo cuando llegaron a la puerta listos para salir, se cruzaron con Alejandro y Jimena, que acababan de regresar de ver el amanecer.
Alejandro llevaba puesta una chaqueta negra, con un porte firme e impecable, trayendo consigo el aire fresco y gélido de la mañana en el campo. Jimena caminaba a su lado; llevaba un bastón de senderismo en la mano y en su rostro aún se notaba la felicidad de haber paseado con el hombre que amaba. Pero en cuanto sus ojos se toparon con Lucía, esa chispa de alegría desapareció al instante.
—Hola, Alejandro —lo saludó Diego—. ¿Tomaron el teleférico hoy? Nosotros ya nos subimos; la vista desde arriba es espectacular.
El teleférico hasta la cima era el mejor lugar para observar el amanecer.
—No —respondió Alejandro con tono frío.

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