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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 183

No solo Alejandro se quedó sin palabras.

Isabel también estaba en shock. Tiró suavemente del brazo de su amiga. —¿Lulú?

Jimena frunció el ceño, molesta de que Lucía estuviera clavándole la mirada a su prometido de esa manera.

Al segundo siguiente, Lucía salió corriendo despavorida, sin importarle nada, olvidando incluso su bolso en el sillón.

En ese instante, el teléfono de Alejandro también sonó.

Contestó con su habitual expresión imperturbable...

—¿Qué dijiste? —Su voz cortó el aire.

La compostura de Alejandro se esfumó en un abrir y cerrar de ojos, dando paso a una expresión lúgubre. Al colgar, tenía el ceño profundamente fruncido.

Jimena y Lucas le preguntaron qué había pasado, pero él se quedó de pie, mudo, con una mirada tan fría que helaba la sangre.

Justo entonces, el teléfono de Gustavo Beltrán sonó. Al contestar, su voz resonó llena de incredulidad: —¿Horacio García... murió de un infarto?

La noticia cayó como una bomba. Isabel entró en pánico. —¡¿Qué?! El papá de Lulú... eso es imposible, tiene que ser una broma de mal gusto, ¿verdad? ¡¿Cómo va a ser cierto?!

Con el rostro desencajado por el terror, Isabel tomó el bolso que Lucía había olvidado y salió corriendo tras ella.

Alejandro caminó a grandes zancadas hacia los ventanales y miró fijamente hacia la calle. De repente, sus pupilas se contrajeron con violencia.

Vio a Lucía tropezar y caer brutalmente contra el asfalto.

Sin dudarlo, dio media vuelta y se dirigió a la salida.

—Alejandro —Jimena se adelantó rápidamente y lo tomó del brazo con suavidad—. Lucas ya fue tras ella.

Lucas, en efecto, había salido con la intención de llevarla en su auto. A lo lejos, vio cuando ella cayó al suelo. Estaba a punto de correr a ayudarla, pero Lucía, ignorando el dolor, se levantó a trompicones y se lanzó como loca hacia el tráfico, desesperada por detener un taxi.

Pronto, un auto conocido se detuvo en seco, la recogió y arrancó a toda velocidad rumbo al hospital.

Lucía apenas registró el rostro del conductor; le parecía familiar, pero en ese momento su cerebro estaba en blanco. Solo una frase resonaba en su cabeza: No puede ser...

Sentía que el cuerpo le pesaba, como si estuviera atrapada en una pesadilla absurda de la que no podía despertar.

El amor de su padre siempre había sido incondicional, su pilar más sólido en la vida.

Al volver a nacer en esta segunda oportunidad, había luchado con uñas y dientes para evitar las tragedias del pasado, creyendo que esta vez todo sería diferente.

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