Pasaban de las nueve de la noche.
Cuando Lucía detuvo el auto frente a la mansión de los Zavala para dejar a Camilo, no pudo evitar que las palabras de Gustavo Beltrán le dieran vueltas en la cabeza. Al final, su curiosidad pudo más y soltó la pregunta:
—Camilo, ¿tu hermano y Jimena ya se casaron por el civil a escondidas?
—No, para nada... —respondió Camilo de inmediato, frunciendo el ceño—. No he escuchado nada sobre que hayan firmado los papeles.
—¿Quieres que investigue un poco, Lulú?
—No, no es necesario... Entra ya, está haciendo frío.
Camilo obedeció y cruzó las puertas de la inmensa propiedad. Lucía esperó a perderlo de vista antes de encender el motor y marcharse en la oscuridad.
...
Después de la famosa conferencia en la universidad, Alejandro Zavala viajó al extranjero para liderar varios proyectos en persona. Pasó meses viajando de un continente a otro, y cuando por fin regresó, trajo consigo noticias que sacudieron al mundo corporativo.
Zavala Tech había completado con éxito dos rondas de financiación por miles de millones y se había asegurado un proyecto de innovación tecnológica de nivel nacional. La valoración de la empresa se disparó hacia las nubes.
El producto estrella que acababan de lanzar fue un éxito rotundo, dominando el mercado de inmediato.
A pesar de haber perdido temporalmente patentes clave, Alejandro había logrado revertir la situación en solo medio año. Zavala Tech no solo rompió sus récords anteriores, sino que sus ingresos se multiplicaron exponencialmente.
Con una fuerza imparable, se consolidó como el líder indiscutible del sector, y el nombre de Alejandro Zavala resonó con fuerza en cada rincón del mundo tecnológico.
Su rostro adornaba las portadas de las revistas de negocios más prestigiosas y encabezaba los titulares de las noticias financieras.
Nadie brillaba más que él.
En la industria no se hablaba de otra cosa que de su implacable visión y su audacia aterradora. En Puerto Coral, Alejandro era aclamado unánimemente como el titán indiscutible de su generación.
Cuando la noticia llegó a la residencia de los Jiménez, toda la familia se sumergió en una ola de celebración y orgullo.
Jimena estaba sentada al lado de doña Carmen, la matriarca de la familia Jiménez, sosteniendo la última edición de la revista de negocios.
En la portada, Alejandro lucía un impecable traje a la medida, proyectando un aura de madurez, poder y autoridad. Los labios de Jimena se curvaron en una sonrisa contenida, pero sus ojos delataban una alegría absoluta.


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