Lucía durmió profundamente. Pasadas las nueve de la mañana, se despertó con una llamada de Julio.
—¿Regresaste a medianoche en tu tercer día de viaje? ¡Habíamos acordado que serían cuatro días! Volaste de madrugada... Eres una mujer muy hermosa, ¡qué habría pasado si tomabas un taxi pirata y te ocurría algo! Tu asistente se volvió loco buscándote a primera hora. Viajar a esas horas me deja sumamente preocupado...
Lucía pensó que su hermano se estaba volviendo cada vez más paranoico y regañón.
—Estoy perfectamente bien.
Lucía añadió: —Julio, voy a ver a Isabel. Terminé mi trabajo antes de tiempo, así que hoy tómalo como mi día libre...
Lucía colgó el teléfono.
Desayunó con su madre, quien seguramente también se había enterado por Julio de su regreso a medianoche, ya que su tono también era de reproche. Su padre había salido muy temprano, por lo que no sabía que su hija ya estaba en casa.
Lucía la tranquilizó con paciencia y luego tomó el auto de Isabel para ir a la gasolinera.
Llenó el tanque y notó que el auto estaba increíblemente sucio... En la oscuridad de la noche no se veía tan mal, pero a plena luz del día, el interior y exterior eran un desastre.
Así que condujo hacia un autolavado.
El vehículo se deslizó hacia la zona de lavado. Lucía subió las ventanillas y se preparó para bajar mientras lavaban el auto.
Levantó la vista casualmente.
Al segundo siguiente, se quedó helada.
Ese empleado vestido con overol y guantes de goma... era aquel joven rico que solía conducir autos de lujo y que alguna vez había cortejado a Jimena Jiménez.
Pero ahora, en su rostro ya no quedaba rastro de su antigua arrogancia; solo quedaba el silencio y la resignación de alguien a quien la vida había doblegado.
El antiguo joven amo, Santiago Soler, también vio a Lucía. Apenas detuvo sus movimientos por un instante, bajó la cabeza y fingió no haberla visto, continuando en silencio enjabonando el auto.
—¿Qué haces aquí?
El corazón de Lucía dio un vuelco. No esperaba encontrárselo en ese lugar. Lo que había sucedido en su vida pasada, estaba ocurriendo de nuevo. ¿Acaso no lo había ayudado ya?
Se suponía que había cambiado el rumbo de su vida.
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