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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 148

Alejandro Zavala llevaba varias semanas sin tener una cita formal con Jimena.

La familia Jiménez, ansiosa, la llamó para preguntarle cómo estaban las cosas con él.

Jimena guardó silencio por un segundo mientras, desde su lugar en la ceremonia, observaba al hombre que ocupaba el centro de la primera fila.

—No se preocupen, todo está bien. Alejandro sabrá cómo sacar a su empresa de esta crisis. Para ser sincera, prefiero mil veces ver a un hombre serio y enfocado en su trabajo que a uno que solo piensa en citas.

—Así se habla, en los momentos difíciles es cuando se demuestra el amor verdadero. Tú no eres como Lucía García, que solo sirve para verse bonita. Debes apoyarlo y usar toda tu preparación académica para ayudarlo —le aconsejó Margarita, llena de orgullo por su hija. En su mente, una mujer como Jimena, culta, prudente y capaz de mantener la calma bajo presión, era la verdadera compañera de vida que cualquier hombre poderoso necesitaba.

Margarita no se quedó de brazos cruzados. Escogió los regalos más caros y exclusivos que pudo encontrar y fue personalmente a la residencia de Doña Leonor para dejarlos.

Los guardias de la lujosa privada recibieron los obsequios, y Margarita se retiró de inmediato, sin intentar forzar una invitación a pasar.

Cuando los guardias entregaron los paquetes en la mansión, Doña Leonor levantó la vista:

—¿Ya se fue?

Al confirmarle que la mujer no se había quedado a merodear, asintió levemente:

—Al menos tiene algo de decencia y sabe cuál es su lugar. Todavía no hay nada oficial, pero se nota que sabe guardar las apariencias.

A pesar de sus palabras, Doña Leonor dejó escapar un sutil suspiro, con un destello de desprecio asomando en su mirada.

A sus ojos, el estatus social de los Jiménez seguía siendo demasiado bajo, indigno de su familia. Pero, qué remedio, su hijo estaba empeñado en estar con ella...

A fin de cuentas, si a su hijo le gustaba, no podía hacer mucho más.

Al caer la noche, Doña Leonor cedió y llamó a la casa de los Jiménez.

Margarita fue quien contestó, y Doña Leonor le agradeció los obsequios con una cortesía impecable.

Margarita, casi temblando de la emoción, le aseguró que no era ninguna molestia, argumentando que Alejandro siempre había sido muy atento con ellos. Hábilmente, desvió la conversación hacia lo que Jimena le había comentado esa misma tarde: que ahora más que nunca, estaba volcada en apoyar y comprender a Alejandro en medio de la crisis.

—¿Ah, sí? ¿Eso dijo?

A medida que escuchaba, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Doña Leonor y su tono se volvió más cálido.

—Sra. Margarita, debo admitir que Jimena es una joven verdaderamente excepcional.

Capítulo 148 1

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