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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 140

Al escuchar la explicación, Lucía no dijo nada más.

Apenas terminaron de hablar, el Ministro Ricardo Zavala y su esposa, Leonor, cruzaron la puerta.

Horacio se levantó de inmediato, con una sonrisa afable en el rostro, y les tendió la mano.

—Ministro Zavala, Doña Leonor, qué gusto tenerlos aquí. Por favor, tomen asiento.

La señora García se acercó con tono encantador.

—Los estábamos esperando. Pasen al comedor, por favor.

El Ministro Zavala respondió con la misma cortesía:

—El gusto es nuestro, teníamos muchas ganas de venir...

Tras los saludos de rigor, Leonor se fijó en Cristina y le sonrió.

—Tú debes ser la recién casada, ¿verdad? Qué muchacha tan hermosa y distinguida.

Horacio asintió orgulloso y los invitó a sentarse nuevamente.

Lucía miró hacia la puerta y, al confirmar que no venía nadie más con ellos, soltó un suspiro de alivio.

Alejandro no se iba a aparecer.

Después de todo, él estaba "marcando su distancia" de forma muy estricta últimamente.

Pero apenas terminó de soltar el aire, una figura alta, elegante e imponente apareció en el umbral de la puerta.

Lucía se quedó de piedra.

Había dado un paso para ir a cerrar la puerta, pero retrocedió de inmediato.

Al ver entrar a Alejandro, Horacio también se sorprendió un poco, pero recuperó la compostura y lo saludó calurosamente, indicándole dónde sentarse.

Julio, que estaba hablando por teléfono en ese momento, solo levantó la mano para saludar a Alejandro desde lejos.

Al notar que Cristina estaba un poco tensa por la presencia de los Zavala, Lucía movió su silla y se sentó junto a su cuñada. Le apretó suavemente la mano debajo de la mesa y le susurró al oído:

—Tranquila, no pasa nada.

Cristina asintió, y cuando Julio terminó su llamada y se sentó a su otro lado, por fin logró relajarse.

La cena transcurrió en un ambiente ameno. Horacio y su esposa eran los anfitriones perfectos, y los Zavala correspondían con sonrisas y anécdotas.

Julio intercambió un par de comentarios triviales con Alejandro.

La atmósfera era, dentro de lo que cabía, bastante agradable.

Lucía se llevó un trozo de carne a la boca. Al levantar la vista, vio a Leo, el hijo de Doña Rosa, entrando por la puerta principal. Al ver que el comedor estaba lleno de invitados importantes, el muchacho empezó a caminar de puntillas para no hacer ruido.

Con solo darle un vistazo, Lucía sintió que algo andaba mal. Una fuerte punzada de pánico le revolvió el estómago.

La tela del traje de Leo era evidentemente finísima, de la más alta calidad, pero le quedaba gigantesco. Le colgaba por todos lados, como si un niño se hubiera puesto la ropa de su papá. Todo en él se veía ridículamente fuera de lugar.

Capítulo 140 1

Capítulo 140 2

Capítulo 140 3

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