El director del hospital se giró hacia el médico en jefe y le murmuró: —En un momento, sube un poco la temperatura del aire acondicionado en la sala de tomografías. No queremos que la señorita Jiménez pase frío.
Margarita sonrió, encantada con el trato: —Muchas gracias, doctores.
En la exclusiva habitación VIP, aunque Jimena se sintió un poco decepcionada al no ver a Alejandro apenas despertó, sabía perfectamente que esos médicos no tardarían en llamarlo.
Después de todo, su estatus actual no era el de una paciente cualquiera.
Y así fue. Veinte minutos después, Alejandro llegó.
Los directivos del hospital se ajustaron las batas y entraron de nuevo, como si se prepararan para una inspección militar, a revisar a Jimena una vez más. Con voz sumamente respetuosa y cautelosa, declararon: —Señor Zavala, pierda cuidado. El hospital utilizará los mejores medicamentos y asignará al equipo médico de élite para garantizar que la señorita Jiménez se recupere por completo. No habrá ni el más mínimo error.
—Déjenos a solas —ordenó Alejandro.
Una vez que todos salieron, él se acercó y preguntó: —¿Cómo te sientes?
El rostro de Jimena aún estaba pálido, pero en sus ojos no había ni rastro de victimismo. —Estoy bastante bien.
Daniela intervino de inmediato: —¿Cómo que bien? Yo te veo muy mal, prima. Seguro te duele muchísimo. La última vez en la cafetería, la amiga de Lucía te insultó horrible, y tú, como siempre...
—Daniela, basta —la interrumpió Jimena apresuradamente.
Alejandro la miró y dijo con firmeza: —Yo me encargaré de que te den una explicación por todo esto.
Víctor y Margarita suspiraron aliviados: —Con eso nos quedamos más tranquilos.
Al ver la devoción con la que el personal médico los trataba, la familia Jiménez se sintió sumamente reconfortada.
Era evidente que en el hospital todos ya sabían quién era Jimena.
Alejandro se quedó media hora más antes de retirarse. Al salir, Víctor lo esperaba en el pasillo y cruzaron un par de palabras.
Poco después de que Alejandro se fuera, Lucas Paredes mandó a entregar un enorme arreglo floral.
Daniela las miró con envidia: —Qué afortunada eres, Jimena. Desde siempre has sido un imán para los hombres. Si yo tuviera a un hombre tan increíble detrás de mí, no me importaría que me atropellara un camión.
Al escucharla, Silvia de Torres cruzó una mirada con su esposo Tomás, y ambos soltaron una carcajada resignada.
Víctor Jiménez y los demás también se rieron.
...
Dos días después, los canales de venta de la constructora de la familia Luna fueron bloqueados abruptamente. Poco después, las inspecciones revelaron que los cimientos de sus proyectos inmobiliarios no cumplían con los estándares. Las autoridades declararon que la familia Luna estaba involucrada en el desvío ilegal de fondos de preventa.


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