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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 85

¿Llamar a la policía?

Esta vez sí que la cosa era grave.

La familia Morales ya había lidiado antes con empleados que se pasaban de la raya.

A esos empleados, la abuela los despedía sin contemplaciones y los mandaba lejos, pero jamás involucraban a la policía.

¿Y ahora? El muchacho al que Brenda había criado con sus propias manos, ¿iba a mandarla a la cárcel por culpa de una extraña?

Brenda no lo podía aceptar.

Desesperada, empezó a forcejear y a gritar sin control.

—Señor, yo fui la que te crió desde chiquito, fui yo quien te cuidó y te alimentó bocado a bocado.

—¿No cuenta mi cariño? ¿No soy como una segunda madre para ti?

—¿Cómo puedes llamar a la policía por culpa de Aurora, esa muchacha malcriada?

—¿Acaso valgo menos que Aurora para ti?

¿Perdón?

¿Se había vuelto loca?

A Aurora le daban ganas de poner los ojos en blanco del coraje.

¿Quién se creía esa vieja zorra? ¿En serio pensaba que valía más que ella? ¿De dónde sacaba tanta confianza?

Ricardo también estaba sorprendido por las palabras tan fuera de lugar de su niñera.

Sus ojos oscuros, siempre llenos de autoridad, se tornaron aún más sombríos. Todo su cuerpo emanaba una sensación gélida, apretando los dientes y cortando el aire con su voz:

—Brenda, cállate de una vez.

—Auri es la señora de la familia Morales, ¿y tú qué eres aquí?

Pero Brenda no paraba.

Como si hubiera perdido la razón, gritaba y se retorcía fuera de sí:

—¿No que ya te divorciaste de Aurora?

—Señor, esa mujer es puro veneno, no dejes que te siga manipulando.

Ricardo cerró los ojos, y lo poco de compasión que aún le tenía a su niñera se desvaneció por completo.

Había dejado claro a todos los empleados de la casa: en la familia Morales, Aurora era la señora del Grupo Morales y debía recibir respeto.

Brenda estaba sobrepasando todos los límites.

¿De verdad creía que, por haberlo cuidado de niño, él iba a ponerse de su lado?

Ricardo, conteniendo el enojo, abrió los ojos de nuevo. Su voz sonó tan cortante que daba miedo, como si fuera capaz de destruir a cualquiera:

—Sáquenla de aquí, tapen su boca, déjenla al sol una hora y luego entréguenla a la policía.

Al escuchar eso, Brenda soltó un alarido desgarrador.

Su grito asustó aún más al pequeño que ya estaba en brazos de Ricardo, haciéndolo romper en llanto.

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