Entrar Via

Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 216

—Gracias por salvar a Valen —dijo Ricardo, girando entre sus dedos una pluma negra y dorada, con la voz más baja y áspera, como si frotara papel de lija con vidrio.

Su tono tenía esa calidez magnética, capaz de estremecer hasta los huesos.

Las palabras cayeron en los oídos de Aurora como una caricia—: Y además… quiero consentirte.

Aurora no esperaba que él pudiera ser tan romántico.

De inmediato, el corazón le dio un brinco.

—Si de verdad quieres consentirme, sal temprano del trabajo. Te espero en casa.

Lo había dejado más que claro.

Ricardo entendió la indirecta. Sintió cómo su respiración se hacía más pesada y, casi sin pensar, aflojó la corbata negra que llevaba bien ajustada, con una mano larga y elegante. Su voz sonó rasposa, como si tuviera la garganta seca:

—Sí.

—Espérame, ¿sí?

—Auri, tengo que colgar.

Cuando terminó la llamada, Ricardo todavía sostenía la corbata deshecha. Sin querer, sus dedos rozaron su cuello, justo a la altura de la nuez.

No esperaba que al tacto, esa zona estuviera tan caliente.

Como si le hubieran encendido una chispa que se propagaba por todo el pecho.

De pronto, apartó la mano con impaciencia y, al ponerse de pie, sus largas piernas chocaron torpemente contra el escritorio.

El golpe se sintió sólido contra el músculo.

—¡Agh! —

El eco retumbó en la oficina vacía, tan silenciosa que el sonido parecía envolverlo todo.

Y de pronto, una sensación extraña, cargada de deseo, se apoderó de su mente.

Parecía que, en efecto, ya no podía esperar más.

Dejó caer las pestañas sobre sus mejillas, apoyó una mano en la orilla del escritorio y notó que la palma le sudaba. Las gotitas se esparcieron sobre el papel blanco que había frente a él, dejando una marca húmeda.

Ricardo tragó saliva, sintiendo el calor subirle por la garganta. Miró el calendario del escritorio: por la tarde no tenía ningún pendiente.

Pensó que lo mejor sería regresar temprano a casa. Ver a Auri y al pequeño.

...

En la casa.

Aurora había alimentado al bebé y ahora lo sostenía entre sus brazos, jugando un rato con él.

De repente, el repartidor llegó con un enorme ramo de nueve mil novecientas noventa y nueve rosas búlgaras y un oso de rosas casi tan alto como una persona.

Aurora miró ese mar de flores y sin querer, sus mejillas se pusieron coloradas.

¡Y pensar que creía que su esposo no era detallista!

Resultó ser mucho más romántico de lo que imaginaba.

Rápidamente firmó la entrega, y se agachó para abrazar las rosas. Al apretarlas contra sí, sintió como si estuviera abrazando a su marido.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renací en la Noche del Parto