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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 84

¿Cómo hacer que estos empleados obedezcan?

¿Acaso no deberían mantenerse en su lugar?

—Seguro ella tiene sus motivos para actuar así —dijo Ricardo, cortando el aire con su voz.

—Y la verdad es que descuidé un asunto: ya tienes muchos años, deberías pensar en tu retiro.

—A partir de ahora, no te quiero ver en la casa. Recuerdo que mi abuela te compró una casa, la familia Morales ya ha sido más que generosa contigo.

Apenas terminó de hablar Ricardo, Brenda, que esperaba su apoyo, se quedó completamente boquiabierta.

¿De verdad estaba defendiendo a esa extraña?

¿No que iban a divorciarse?

¿Acaso Aurora no siempre se la vivía haciéndole la vida imposible?

¿Será que este hombre ya cayó rendido ante sus encantos? ¿No distingue entre lo bueno y lo malo?

La rabia se le subió de golpe a la cabeza a Brenda, su cara se descompuso y se puso tan fea como su humor, sobre todo cuando vio a las otras empleadas, esas mismas a las que ella mandoneaba todo el tiempo, tratando de ocultar risas detrás de las manos.

Se le nubló la razón.

De un brinco se puso de pie y, apuntando a Aurora, le gritó:

—¡Señor, de plano ya perdió la cabeza!

—¡Aurora no es más que una cualquiera! ¿Quién le dio derecho a mandarme?

—¡Además ustedes van a divorciarse!

—¿Qué se cree esa mujer? ¡No es más que la ex! ¿Y yo? ¡Yo soy la que lo crió! Señor, ¿qué le dio esa tipa para tenerlo así? ¡Esa mujer es una desgraciada!

Brenda despotricó como si fuera una verdulera, lanzando maldiciones a Aurora, mientras el rostro de Ricardo se endurecía y sus ojos se llenaban de una furia cada vez más oscura.

Estaba a punto de ordenar a los guardaespaldas que la sujetaran cuando Aurora ya se había levantado. Sin titubear, le soltó una tremenda bofetada a la desquiciada Brenda.

—¿Desgraciada? ¿Te atreves a insultar a la señora de la casa?

—¿Y tú qué eres? ¿Una vieja liosa que no sabe su lugar? ¿Que seas la niñera de mi esposo te da derecho a todo?

—Durante más de veinte años, ¿no has recibido el sueldo que la familia Morales te pagó?

—¿La abuela no te compró una casa?

—¿De verdad te creíste la dueña de todo esto? —dijo Aurora, entre indignada y cansada, frotándose la mano con la que le había pegado, justo cuando Brenda intentó devolverle el golpe.

Ricardo se puso de pie y, sin dudarlo, empujó a Brenda con tal fuerza que la tiró al piso.

—¿Te atreves a levantarle la mano a Auri? Atrévete y verás —la voz de Ricardo sonó cortante, como cuchillo.

—¡Alguien, sujétenla!

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