Las dos familias se llevaban bastante bien.
Ricardo siempre había estado ahí para Aurora, como un hermano mayor, cuidándola y protegiéndola sin falta.
Pero en ese entonces, Aurora era apenas una niña.
Todavía no había crecido del todo.
Tenía la cara pequeña, los brazos delgaditos, las piernas igual de flacas; en general, parecía una de esas chicas de caricatura que todavía no han madurado.
Era una ternurita, chiquita y adorable, pero con un carácter bastante especial.
Se enojaba con facilidad.
Le encantaba pedir dulces.
Sobre todo, cuando se molestaba, recordaba mucho a la gatita de raza ragdoll que su abuelita había tenido, esa que siempre andaba de mal humor y se erizaba por cualquier cosa.
Si estaba feliz, Aurora era la primera en buscarte para jugar; pero si algo la molestaba, fruncía los labios y se distanciaba, ignorándote por completo.
Ricardo la llevaba y traía todos los días.
La veía crecer, tan chiquita y carismática.
Jamás le pasó por la cabeza ningún pensamiento extraño.
Entonces, ¿en qué momento le cayó el veinte y se dio cuenta de que sentía algo más?
Tal vez fue en el último año de prepa, cuando organizaron aquel partido de baloncesto y él era uno de los jugadores clave del equipo escolar.
Aurora, siendo la artista más destacada de secundaria y además la más bonita, fue elegida por la escuela como la capitana de las porristas.
Ricardo, ya en tercero de prepa y con el examen de ingreso universitario encima, vivía atareado: además de las clases, cada noche al salir de la escuela iba directo a casa de Owen Morales para aprender de finanzas en el Grupo Morales.
No le quedaba ni un respiro para sí mismo.
Regresaba a casa a la una y media de la madrugada.
Apenas tocaba la cama, caía rendido.
Así que, sin querer, dejó de ir por Aurora a la escuela.
Si lo pensaba bien, hacía por lo menos dos meses que no la veía.
Ese día, finalmente pudo sacar tiempo para participar en el partido del equipo.
Pero no tenía idea de que Aurora formaba parte de las porristas.
Cuando entró a la cancha, vio a las ocho chicas elegidas para animar el partido, todas vestidas con uniforme de marinera en el centro de la cancha.
Aurora estaba entre ellas.
Ella también llevaba uniforme de marinera.
Pero a diferencia de las demás, que vestían azul, ella llevaba el uniforme blanco de capitana.
Quince años tenía en ese momento.

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