Brenda bajó corriendo las escaleras, casi volando, directo al baño que usaban las empleadas.
Apenas llegó, se lanzó sobre el inodoro, abrazó la tapa y comenzó a vomitar sin parar. Lo hizo con tanta fuerza que sentía la garganta completamente seca, mientras el asqueroso sabor dulce del postre falso le llenaba la boca.
Con lágrimas y mocos, se limpió la cara y la boca como pudo, sollozando mientras trataba de ponerse de pie. Todo lo que había pasado ese día con Aurora la tenía al borde. No pensaba dejar las cosas así.
Se giró para mirarse en el espejo. Su reflejo era el de una mujer derrotada, pero por dentro sentía una furia ardiente, como si un volcán estuviera a punto de estallar en su pecho. Por más que intentara, el coraje no se le iba.
Se dio un par de cachetadas para dejar de llorar, respiró hondo y sacó el celular. Sin pensarlo más, le marcó directo a Ricardo.
Pero en ese momento, Brenda se dio cuenta de que había vivido mucho tiempo sintiéndose importante dentro de la familia Morales. Tanto, que ya se le había olvidado su lugar: apenas era una empleada mantenida por la familia, una sirvienta más. No era la dueña de la casa.
A esa hora, no debía llamar a su patrón con quejas sin importancia, aunque él fuera el muchacho al que había criado desde niño. Eso no estaba bien.
El teléfono sonó y pronto alguien contestó, pero no era Ricardo. Era Tomás, el asistente.
Ricardo jamás le había dado su número privado a Brenda. Siempre había una distancia muy marcada entre patrones y empleados en la familia Morales. Ricardo respetaba a Brenda, pero tampoco buscaba una relación demasiado cercana; así era la costumbre en casa. Si los patrones y los empleados se volvían demasiado amigos, se perdía el respeto necesario, y eso no podía permitirse. Por eso, cualquier asunto de la casa se dirigía primero a Tomás.
—¿Bueno, Brenda? —Tomás reconoció el número y saludó con cortesía—. ¿Tan tarde, pasa algo?
Brenda se apretó el muslo para hacerse llorar aún más fuerte y sonar más lastimera.
—Sí, tengo algo que decir.
—Tomás, ¿puedes pasarme a nuestro señorito? Necesito hablar con él de algo importante.
Tomás escuchó el llanto de Brenda y pensó que algo grave había pasado en la casa. ¿Acaso Aurora había causado otro problema? Volteó a ver a Ricardo, que seguía en el baño dándose una segunda ducha.

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