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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 156

—¿Ya lo sabe tu hermana?

Al mencionar a Aurora, la verdadera causante de todo, César no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas. Su expresión se tornó tan lastimera como la de una flor marchita bajo el sol, y de pronto se echó a llorar.

Al verlo así, la pareja Rosales se quedó un momento en silencio, sintiendo un nudo en el corazón.

—Ay, Cesi, ¿por qué lloras? —preguntó Miranda con voz preocupada.

—¿Qué fue lo que pasó? —añadió Fermín, con el ceño arrugado.

César no podía decir la verdad. Si lo hacía, arruinaría para siempre la imagen de hijo noble y tranquilo que tanto se había esforzado por construir ante los Rosales. Así que bajó la cabeza y guardó silencio.

Viendo la situación, Manuel intervino enseguida:

—Señor, señora, fue la señorita Aurora quien lastimó a César.

—¿Qué? ¿Auri lo hizo? —Miranda y Fermín se miraron atónitos, sin poder procesar la noticia.

No tenía sentido. Hasta hace poco, los hermanos parecían llevarse de maravilla.

—¿No será esto un malentendido? —dijo Fermín, mirando a César, que seguía con su aire débil—. Voy a llamarle a Auri para aclarar todo.

Al escuchar eso, César levantó la mano para detenerlo.

—Papá, estoy bien. No culpes a mi hermana.

—Quizá yo hice algo mal y la provoqué —susurró, fingiendo humildad.

Fermín se le quedó mirando, la frente marcada por una arruga de preocupación.

—Eres demasiado bueno, hijo. Aun así, voy a preguntarle.

Le dio una palmada en el hombro, tratando de calmarlo.

—Descansa un poco.

Dicho esto, Fermín tomó el teléfono y marcó el número de Aurora.

...

En ese momento, Aurora acababa de llegar a la casa. Estaba sentada con su bebé en brazos, dándole de comer.

El teléfono sonó. Ella puso el altavoz:

—¿Qué pasa, papá?

Fermín, con la voz grave y seria, fue directo al grano:

—Auri, ¿por qué lastimaste a César? ¿Qué fue lo que ocurrió? Además, ¿es cierto que está a punto de comprometerse con la señorita Cordero? Con este estado que tiene...

Antes de que terminara la frase, Aurora soltó una risa ligera.

—¿Cesi fue a quejarse contigo, papá?

Fermín tosió, incómodo.

—No, fue su asistente quien me lo contó.

Aurora bufó, incrédula.

—A ver, papá, dime, ¿quién es tu consentida?

Fermín se llevó la mano a la frente y suspiró resignado.

—Eres tú, mi niña.

Ella sonrió, satisfecha.

—Entonces, ¿crees que tu hija querida le haría daño a su hermano? Lo más probable es que, con eso de la boda, ande todo ansioso y se haya hecho daño él solo, pero me quiere echar la culpa.

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