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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 157

Fermín y Miranda permanecieron en su cuarto de hospital cerca de media hora. Cuando Noemí llegó, ambos se despidieron y se dirigieron a la sala de cuidados intensivos para ver a Valentín.

A decir verdad, aunque Fermín siempre mostraba preferencia por Aurora, tampoco había dejado desamparado a César. Le había prometido el cincuenta por ciento de las acciones, la casa, el carro. En los negocios, le había echado la mano en más de una ocasión. Él sentía que, para tratarse de un hijo adoptivo sin lazos de sangre, había sido más que generoso.

Por eso, esa forma tan ciega de resentirse de César, era puro desagradecimiento. Un lobo vestido de oveja.

...

Cuando la pareja Rosales salió de la habitación, Noemí entró cargando una montaña de fruta y suplementos, colocándolos en la mesa con una sonrisa dulce, aunque sus ojos reflejaban preocupación por el débil César.

—Cesi, ¿te sientes un poco mejor?

La verdad es que solo ella seguía tan metida con él. Ni siquiera la vez que en el parque de diversiones él la había pateado, Noemí se molestó.

César cerró los ojos, incapaz de ocultar su fastidio. No quería tratar con ella ni un segundo más.

—Señorita Cordero, la herida me duele bastante y necesito descansar.

—Gracias por venir, pero ahora quiero dormir. Por favor, ¿puede salir?

—Y sobre lo del parque… la verdad, descubrí que eres bastante problemática, no somos compatibles.

Noemí acababa de llegar y ya la quería echar. ¿Cómo iba a aceptar eso? Encima, ¿le decía problemática en su cara?

Su semblante se ensombreció de golpe. Levantó la mano regordeta y la dejó caer con fuerza sobre el buró.

—¿Qué te pasa, César? ¿Encima de que defiendes a la otra, ahora me insultas a mí?

—¿No tienes vergüenza?

César, sin dignarse a mirarla, se acomodó de lado tocándose la venda del pecho.

—Señorita Cordero, la intrusa es la que no es querida.

Noemí soltó una carcajada, una mezcla de enojo y burla.

¿Ahora salía con frases de novela barata? ¿De verdad creía que era el heredero legítimo de los Rosales y podía elegir con quién casarse? ¿Que la que no era amada era la intrusa? ¿De verdad se atrevía a desafiar a la familia Rosales?

¡Qué necio!

—Muy bien, César. Yo te he querido de corazón y así me pagas.

—Perfecto. Escúchame bien: no voy a dejar que tú y esa cualquiera sean felices juntos.

—Si yo puse mis ojos en un hombre, aunque ni lo quiera, no voy a dejar que esa tipeja se aproveche.

Cuando Noemí llamó a Lavinia “esa cualquiera”, César perdió el control. Se irguió bruscamente en la cama, con el rostro desencajado, y de un manotazo le soltó una bofetada.

—Señorita Cordero, lárguese de aquí.

—Y sobre el compromiso, veré cómo hablar con su familia para cancelarlo.

Noemí, que jamás en su vida había sido golpeada, se quedó pasmada. Pero la rabia pudo más: levantó la mano y le devolvió el golpe de inmediato.

—César, ya veremos quién ríe al final.

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