Me toma por los glúteos y me carga hasta depositarme en la parte más alta del sillón tantra, besa mis labios durante lo que me parece una eternidad como queriendo fundirse con ellos, para después posar su hábil boca en mis senos y continuar su dulce recorrido por todo mi vientre, sus manos se enganchan en mis bragas las cuales retira con delicadeza al igual que mis sandalias y me recuesta con sumo cuidado sobre el sillón, siento como se hinca y pasa mis piernas por sus hombros sosteniéndome con fuerza de la cadera, al momento siguiente doy un ligero brinco cuando siento su respiración en mi monte de Venus.
—Ni te imaginas todo lo que vas a disfrutar preciosa —Me dice antes de que su lengua comience a juguetear con mi clítoris, arrancándome unos cuantos gemidos de satisfacción, estira su mano y poco a poco acaricia desde mi vientre hasta llegar a mis senos, apretándolos ligeramente, sube hasta mi cuello y después introduce dos dedos en mi boca—. ¡Chúpalos! —me ordena con un ronco susurro.
Me encuentro tan excitada que sin pensarlo dos veces hago lo que me pide, la velocidad de sus dedos en mi boca aumenta al mismo tiempo que su lengua se sumerge por completo en mi interior y la sensación de estar siendo follada por ambos lados aumenta ese placer que nunca en mi vida había experimentado con tanta intensidad como ahora.
—Yo nunca he estado en un lugar así —confieso, mientras jalo de sus cabellos pegándolo más a mí.
—Tu marido no solo es un infiel, sino también parece que es un imbécil que no sabe complacerte como se debe —espeta separándose solo lo suficiente, para después continuar con lo que estaba haciendo, succionando y deslizando su lengua con tal destreza que cuando siento que por fin estoy por lograr mi liberación, se separa de mí dejándome totalmente insatisfecha.
—¿Por qué te detuviste? —inquiero con la voz entrecortada.
—Quiero que te veas mientras te corres para mí. —No entiendo a qué se refiere, pero cuando se levanta y con mucho cuidado me ayuda a ponerme de pie y me lleva hasta el centro de la cama es que al fin comprendo sus palabras, comienza a desnudarse y sin poder evitarlo mis ojos detallan milímetro a milímetro sus fuertes pectorales, su abdomen marcado y esa V perfecta que se pierde en el elástico de su ropa interior.
—¡Oh por Dios! —exclamo cuando baja por completo sus calzoncillos y puedo apreciar los atributos que los mismísimos dioses le concedieron.
—¿Te gusta lo que ves preciosa? —cuestiona con una sonrisa ladeada y como si estuviese hipnotizada solo logro asentir, arrancándole una carcajada.
Se acerca hasta donde me encuentro posicionándose detrás de mí, se sienta y toma mi cara con una de sus manos.
—Esta noche te olvidarás hasta de tu nombre —dicho esto me besa con urgencia, como si él lo desease tanto como yo, con su otra mano recorre mi cuerpo, deteniéndose cada que siente como mi cuerpo vibra ante su toque en esos lugares que me vuelven loca y que hasta hace unos segundos solo mi marido conocía a la perfección.
Cierro los ojos, presa del fuego ardiente que me recorre por completo, pero en cuanto siento como sus dedos se adentran en mi intimidad, suelto un pequeño jadeo sobre sus labios que aún mantienen en cautiverio a los míos.
—¡Abre tus ojos! —me ordena al mismo tiempo que se inclina hacia atrás hasta recargarse en la cabecera de la cama, sosteniendo mi peso entre sus fuertes brazos, hago lo que me pide y una sonrisa maliciosa vuelve a cruzar su rostro—. ¡Quiero que mires el espejo sobre nosotros!
Levanto la mirada y al momento me arrepiento cuando abre más mis piernas para tener mejor acceso a mi intimidad, dejándome totalmente expuesta ante su mirada cargada de deseo y la mía un tanto avergonzada.
—No te avergüences, eres una mujer completamente hermosa, que lo único que debería de hacer es disfrutar y nunca sufrir por el engaño de un hombre —comenta besando el largo de mi cuello, mientras con una de sus manos acaricia mis senos y la otra se pierde en mi intimidad, tocándome de tal forma que parece me conoce de hace años y no solo de unas cuantas horas.
Vuelvo a cerrar mis ojos disfrutando al máximo de sus caricias, cuando mis terminales nerviosas se anidan en mi vientre y mi cuerpo se estremece ante el inminente orgasmo que está por azotar mi cuerpo, detiene sus movimientos por segunda vez en la noche, cortando mi placer de inmediato.
—¡Abre los ojos! Te dije que quiero que veas cuando te corras para mí.
Abro mis ojos y al instante me estremezco al ver mi reflejo en el espejo, esa mujer que ahora luce sumamente excitada, con las pupilas dilatadas por el placer, mis mejillas se tornan carmesí y de un momento a otro lanzo un gemido tan alto dañando un poco mi garganta cuando sus hábiles dedos tocan ese punto exacto que me lleva a tal éxtasis de locura que mi cuerpo se arquea y mi respiración se acelera ante la atenta mirada de ambos.
Cuando aún mi respiración no se ha normalizado por completo, me gira de tal forma que ahora su cuerpo se encuentra sobre el mío, sosteniendo su peso con sus brazos para no hacerme daño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Relatos cortos