Evaldo, ya en el coche, se reía mientras le mandaba mensajes a Jacob.
Sania, curiosa, sabía que cuando él sonreía así, era porque estaba a punto de hacer una maldad.
—Amor, ¿no sientes que Jacob y Josué traen algo?
A Sania se le abrieron los ojos.
—¿De verdad?
La sorpresa venía con el chisme, como si le interesara mucho el tema.
—¿Entonces son pareja?
Pero Jacob, si no recordaba mal, parecía el que mandaba… ¿entonces Josué, con casi un metro noventa, era el que se dejaba? No le cuadraba.
Evaldo sonrió con malicia.
—¿Y si resulta que el que se deja es Jacob? Por lo que yo sé, Josué no aceptaría ser el que se deja.
Sania se acordó de que Lautaro iba manejando. Hablar así de Jacob frente a él no era lo mejor.
—Ya… mejor no adivinemos. Si tú eres tan amigo de Jacob, pregúntale y ya.
Sania sintió un presentimiento feo.
Y así fue: cuando Evaldo le acercó la pantalla del celular, a Sania se le fue el color.
[Sako, mi esposa quiere saber entre tú y el Abogado Vera quién hace de activo.]
Jacob estaba escribiendo histéricamente.
El mensaje no salía, como si el otro estuviera escribiendo sin parar. Sania imaginó que del otro lado estaban insultando con todo.
Evaldo, con “buenos modales”, lo bloqueó de una vez. Esperó un minuto y lo desbloqueó.
[Hace rato se fue la señal. ¿Ya pensaste bien la respuesta?]
Jacob se descompuso por completo.
[Si estás ciego, ve al doctor. ¿Quién te dijo que yo tengo algo con él?]
[Evaldo, deja de andar insultando. Nunca sería pasivo yo.]
Evaldo se encogió de hombros.
—Se ardió. Y cuando alguien se arde, miente. Ya, ni lo peles.
Sania sentía que Evaldo estaba a nada de perder a ese amigo.
Amigo -1.

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