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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 363

Cinco días después del funeral, era la boda de Tatiana, la mejor amiga de Sania.

Lo más triste era que Sania no podía ser dama de honor.

El matrimonio Roque también estaba invitado; Roque tenía cierta relación con Teodoro.

Tatiana sabía que a Sania se le había muerto su mamá hacía nada, y le daba pena invitarla a su despedida de soltera.

Al final fue Evaldo quien la empujó a salir a distraerse, diciéndole que con cuidarse a ella y a los bebés bastaba.

Evaldo la llevó en persona hasta el privado, y justo al lado estaba Teodoro; eso lo dejaba más tranquilo.

Ese club de lujo era del Grupo Camoso; ahí nadie podía poner en riesgo a su esposa.

—¡Sani, viniste!

Tatiana claramente había tomado un poco; hablaba arrastrando algunas palabras.

—Evaldo, tú tranquilo. Sani queda conmigo, te juro que no le pasa ni un rasguño. ¡Si yo soy la madrina de sus bebés!

Sania sonrió, resignada.

—¿Cuánto tomaste para que ya andes así?

Tatiana, con las mejillas rojas, se veía adorable.

—Nada, Sani. Yo aguanto un montón.

Apenas Evaldo se fue, Tatiana empezó a quejarse de Teodoro.

—Sani, mira… mañana ayúdame a pensar cómo le hacemos la vida imposible a Teodoro. ¡No quiero que me “gane” tan fácil!

Entre todas empezaron a planear cómo hacerlo sufrir en la “recogida” del novio.

Una de las chicas propuso:

—¿Y si le ponemos a Teodoro a hacer lagartijas mientras dice como diez cosas bonitas de Taty?

—No, no, eso está muy fácil —Tatiana negó con la cabeza.

Otra dijo:

—Vi un reto en internet: al novio y a los padrinos les amarran una cajita con pelotitas de ping-pong en la cintura y tienen que sacarlas todas a puro movimiento, en cierto tiempo, para que les abran.

Sania se llevó la mano a la frente. Solo de imaginarlo, ya era rarísimo.

Teodoro… moviendo la cadera…

La imagen era demasiado; mejor ni pensar.

Tatiana dio un golpe en la pierna, emocionada.

—¡Ese, ese! ¡Me encanta!

—¡Y el de pintarse los labios con los ojos vendados también! Que el novio agarre el labial con la boca y se lo ponga a un padrino.

—Oye, Taty, ¿y quiénes son los padrinos de tu novio?

Tatiana lo pensó con seriedad.

—Uno es su primo, Jacob. A los demás no los ubico bien.

Los reconocía de cara, pero no de nombre.

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