A mitad de camino, German recibió una llamada de don Eduardo. Su padre le ordenó que fuera personalmente al hospital a recoger al padre de Sofía, quien era dado de alta ese día.
Estaba a punto de llegar a la empresa, pero tuvo que dar la vuelta.
Al entrar a la habitación del hospital, ya casi habían guardado todas las pertenencias.
El señor Santana estaba dándole instrucciones a Sofía cuando notó su presencia en la puerta. Sonrió y exclamó:
—Muchacho, no tenías que molestarte en venir.
—Es lo mínimo que podía hacer —respondió German con cortesía.
Sofía soltó lo que tenía en las manos y se acercó presurosa.
—German, las enfermeras nos estaban ayudando, de verdad no era necesario que vinieras.
German le dirigió una mirada indescifrable, la evadió por completo y se dirigió al señor Santana:
—Ya dejé arreglado todo el papeleo del alta. No tiene que preocuparse por nada más.
Sofía se quedó paralizada al ver cómo la ignoraba, observando su espalda con una expresión de desconcierto.
El señor Santana percibió la tensa atmósfera entre ambos. Se ajustó los lentes sobre el puente de la nariz y asintió.
—Te lo agradezco mucho.
Era un día laboral, por lo que las avenidas principales estaban despejadas.
Durante el trayecto, los tres permanecieron en un espeso silencio dentro del vehículo.
Sofía se había dado cuenta en el hospital de que German estaba de mal humor, y su actitud fría y distante a lo largo del viaje la hizo preguntarse si acaso habría descubierto algo.
Estaba a punto de lanzar una pregunta para tantear el terreno cuando su padre se adelantó:
—Desde que regresé al país he estado batallando con mis problemas de salud, no he tenido la oportunidad de visitar a tu padre.
German miró al anciano por el espejo retrovisor, descifrando de inmediato sus intenciones.
—Mi padre también ha estado muy pendiente de usted. En más de una ocasión dijo que quería ir al hospital a verlo, pero sus piernas no se lo permitieron —respondió con diplomacia.
El señor Santana asintió satisfecho, mientras que Sofía se quedó callada, sin encontrar un momento adecuado para intervenir en la conversación.
—Aún lo tiene muy presente —continuó German—. De hecho, me pidió que, en cuanto lo dieran de alta, organizáramos una cena familiar en su honor.

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