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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 49

«El silencio en la oficina se volvió gélido y abrumador.

¿Falleció?

El cuerpo de German se tensó de golpe. Fijó sus ojos en Cristián Casas, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.

—¿No me dijiste que estaba estable?

Cristián no supo qué contestar.

—Quizás... lo que el doctor quería decir era que siempre se mantuvo en el mismo estado crítico, por eso lo consideró «estable».

¿Qué clase de excusa era esa?

¿Eso significaba que la salud de su padre nunca mejoró?

Con los dedos temblorosos aferrando el teléfono, intentó encontrar alguna excusa para exculparse.

—¿Por qué no se me avisó cuando entró en estado crítico?

—En ese momento, el señor Santana también estaba en cirugía. Usted me dio instrucciones claras: no ser interrumpido bajo ninguna circunstancia. Si la señora llamaba, debía decirle que usted estaba muy ocupado.

German cerró los ojos lentamente y respiró profundo.

En aquel entonces, Julia había perdido el control al enterarse de que el cirujano operaría a alguien más; al mismo tiempo, el señor Santana entraba a quirófano y surgían problemas con un proyecto importante. El nivel de estrés era insoportable.

De día lidiaba con los ejecutivos extranjeros de la sucursal y de noche volvía al hospital a consolar a Sofía.

De verdad creyó que Julia solo estaba teniendo un ataque de celos por el asunto del cirujano; jamás se imaginó que...

German se frotó las sienes, consumido por la frustración y la rabia.

—¿Cuándo falleció?

—El día que usted regresó de Alemania. Ese fue el día de su funeral.

O sea, ¿Julia había ido a verlo justo después del funeral de su padre?

¿Había sido su dolor y resignación lo que la empujó a pedirle el divorcio?

Él incluso le había reprochado su tardanza. Una culpa aplastante le oprimió el pecho, dejándolo sin aliento.

—De hecho... el día que el padre de la señora falleció, el hospital y yo le llamamos a su celular. Contestó la señorita Santana. Dijo que usted estaba descansando porque había trabajado hasta muy tarde. Le pedí que le diera el mensaje en cuanto despertara.

Habían llamado... y él nunca se enteró.

Cristián bajó la cabeza, con un tono lleno de arrepentimiento.

—De verdad creí que usted lo sabía. Nunca me imaginé que la señorita Santana se lo ocultaría.

Sofía...

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