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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 48

«No tengo tiempo, no tengo tiempo, siempre era "no tengo tiempo".

De verdad que esas tres palabras le revolvían el estómago.

—German —murmuró Julia, cerrando los ojos y bajando el tono de voz de golpe—. ¿Qué es lo que realmente quieres?

El silencio al otro lado de la línea fue tan prolongado que la mano con la que sostenía el teléfono comenzó a temblar. Finalmente, escuchó su respuesta:

—Quiero que vuelvas.

Lo dijo de forma tan torpe y forzada, como si alguien le estuviera apuntando con un arma por la espalda.

Julia se dejó caer exhausta en el sofá. Su rostro empapado en lágrimas se reflejaba en el ventanal.

Sentía un nudo asfixiante en la garganta.

—¿A dónde quieres que vuelva?

»¿Quieres que vuelva a esa mansión para seguir siendo tu sirvienta? ¿Para seguir aguantando los desprecios de tus familiares? ¿Para seguir humillándome mientras mendigo un poco de tu tiempo?

—Sabes perfectamente que no me refiero a eso.

—¡No, no lo sé! —lo interrumpió con furia—. ¡Jamás he sabido qué es lo que pasa por tu cabeza, ni qué intentas decirme!

Atrapó aire con dificultad, la voz le temblaba.

—En tres años de matrimonio te he preguntado incontables veces si sientes algo por mí, y nunca me has respondido con claridad. Te pregunto por qué te casaste conmigo y me hablas de las acciones de la empresa. Te pregunto por qué no puedes prestarme atención y me dices que estás muy ocupado. Te pido que no le des el turno de cirugía de mi papá a otra persona y tú... ¡y tú...!

Los labios de Julia temblaban incontrolablemente. Reunió todas sus fuerzas para terminar la frase:

—¡Y tú me respondes que la situación del padre de ella era más grave!

—Pero... —se mordió los nudillos con fuerza, intentando estabilizar su propia voz—. Pero mi papá también estaba en las últimas, German. ¡Él también lo necesitaba urgentemente!

Finalmente estalló en llanto.

—¿Por qué me haces esto? ¡Él era la única familia que me quedaba!

Un silencio sepulcral llenó el ambiente.

German, de pie frente al ventanal de su oficina, apretó la mandíbula. La amargura que le subió por la garganta lo hizo fruncir el ceño profundamente.

Quería explicarle; antes de tomar la decisión, él había confirmado el estado del señor Silva con el hospital.

Pero las palabras se le atoraron en la garganta. Sonaban patéticas.

Había delegado esa responsabilidad; no la había comprobado personalmente y dio por sentado que ella entendería y perdonaría su decisión.

No sabía cómo justificarse ni cómo hacer que ella aceptara lo que había hecho.

Capítulo 48 1

Capítulo 48 2

Capítulo 48 3

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