Entrar Via

No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 42

«La lluvia caía con un suave murmullo. Julia se levantó y caminó hacia el auto estacionado en la calle.

***

Panteón de la Capital.

La lluvia no cesaba. La niebla envolvía la montaña, dándole al lugar un aire de desolación.

Frente a una de las lápidas, la alta figura de un hombre permanecía inmóvil. Sostenía un paraguas sobre su cabeza. Se inclinó para dejar un ramo de flores y acarició con la yema de los dedos la fotografía grabada en la piedra.

Los ojos de Adrián Silva eran insondables; resultaba imposible descifrar qué sentía.

La brisa arrastraba gotas de lluvia hasta sus cejas. Llevaba un abrigo largo que lo cubría del frío, aunque los bordes se le habían humedecido ligeramente al agacharse.

—Papá, ya volví.

Su voz fue apenas un susurro, casi imperceptible entre los sonidos de la naturaleza.

Sacó una cajetilla de los bolsillos, extrajo un cigarrillo y lo encendió, dejándolo sobre la lápida. El humo se enredó en sus dedos.

—Sus cigarros favoritos.

Adrián se irguió, metió las manos en los bolsillos y se quedó contemplando aquel rostro familiar en silencio.

—He tardado mucho en venir a verlo, espero que no esté molesto conmigo.

El hombre de la fotografía irradiaba bondad. Parecía tener unos cincuenta años, con las sienes plateadas. La larga enfermedad lo había dejado delgado, con las mejillas hundidas, pero su mirada seguía siendo tan cálida como él la recordaba.

Los recuerdos de su pasado lo asaltaron de nuevo.

Ese hombre lo había recogido en la puerta del orfanato. Le dio de comer, lo vistió, pagó su educación y le enseñó a ser una buena persona.

Todo el amor que sus verdaderos padres le habían negado, se lo entregó a manos llenas este hombre que no compartía ni una gota de su sangre.

Con su rostro afable y su trato cariñoso, había sido como una luz que lo rescató del abismo.

A veces pensaba que, en esta vida, solo quería ser Adrián Silva.

Se quedó de pie un largo rato. Cuando la lluvia comenzó a menguar, el sonido de una notificación en su teléfono rompió el silencio.

Era Julia.

[Estoy en tu oficina.]

Volteó la pantalla, y una media sonrisa se dibujó en sus labios, aunque la alegría no llegó a sus ojos.

—No se preocupe, yo la cuidaré en su lugar.

—

Capítulo 42 1

Capítulo 42 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Ruegues, No Sirve