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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 43

«Cuando German Zamora llegó a la tumba de su madre con el paraguas en mano, vio a alguien frente a ella.

Sofía Santana.

Estaba susurrándole a la lápida, con voz apenas audible y la garganta apretada por el llanto.

Jamás imaginó que Sofía recordaría el cumpleaños de su madre y que llegaría incluso antes que él.

Al acercarse, logró escuchar sus palabras.

—German... ha perdido mucho peso últimamente. Trabaja tanto que ni siquiera le da tiempo de comer.

»Se lo he dicho, pero no me hace caso. Si usted estuviera aquí, no soportaría verlo así.

Había dos ramos frente a la lápida. Uno, ya marchito, lo había dejado él en su última visita; el otro estaba fresco y rebosante de vida, seguramente traído por Sofía.

Eran rosas blancas, las favoritas de su madre.

Sus padres tuvieron un matrimonio arreglado, sin mucho afecto de por medio. Después del fallecimiento de su madre, su padre rara vez la visitaba.

Aparte de él y de Julia, casi nadie más venía a verla.

Sin embargo, hoy Sofía estaba allí.

German se detuvo y la observó con sentimientos encontrados.

Ella hablaba en voz muy baja, mientras el viento mecía suavemente su largo cabello, como si estuviera poniéndola al tanto de su vida, contándole a la foto lo que había ocurrido en esos años.

—En la fiesta de cumpleaños de don Eduardo, conocí a la esposa de German. Es hermosa y muy inteligente. Hacen muy buena pareja. Incluso me pareció ver un poco de usted en ella.

»Es tan amable, pero tan fuerte a la vez... Me agradó mucho. Quería ser su amiga, pero... parece que ella tiene un fuerte malentendido conmigo por lo que pasó con su padre. No sé qué hacer.

Se quedó callada unos segundos antes de retomar la palabra:

—German y yo crecimos juntos. Confío plenamente en su criterio. Haré todo lo posible para deshacer este malentendido y lograr que su esposa me acepte.

Se agachó y acarició con suma delicadeza la fotografía, mientras una lágrima se deslizaba por su rostro.

—Señora, por favor cuide de mi mamá. Dígale que la extraño muchísimo y que, mientras German esté conmigo, no tiene de qué preocuparse.

La garganta de German se tensó. Dio un paso adelante y le ofreció un pañuelo.

La mujer se sobresaltó, levantó la mirada y, al verlo, abrió los ojos con asombro.

Capítulo 43 1

Capítulo 43 2

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