El carro de Benjamín se detuvo frente al hospital.
Volteó y sacudió a Fidel, que ya estaba completamente dormido a su lado.
—Fidel, ya llegamos.
Fidel apenas logró abrir los ojos e intentó levantarse, pero terminó cayendo pesadamente sobre el asiento.
Si Benjamín no lo hubiera sostenido, seguro habría terminado en el suelo.
—¡Fidel!
—¿No que querías ver a tu esposa? Ya te traje, ella está arriba esperándote. ¡Despierta, que en cuanto la veas tienes que explicarle bien las cosas!
El ruido solo le aumentó el dolor de cabeza a Fidel.
Movió la mano como queriendo espantar un mosquito molesto.
—¡No quiero verla!
—Esa mujer tan cruel ni se inmutó cuando me vio herido y sangrando. ¡Ya no le importo nada!
—No quiero verla… No quiero que me vea en este estado. ¡Esa mujer! Es, sin duda, la más indiferente del mundo.
Benjamín no podía creer lo que veía. Era la primera vez que presenciaba a Fidel borracho hasta ese punto. Antes, aunque tomara de más, lo único que hacía era quedarse dormido, nunca armaba tanto alboroto.
Eso solo significaba una cosa: Fidel sí estaba muy afectado por su esposa.
Mientras Benjamín pensaba en eso, le llegó un mensaje de Zaira.
[¿Dónde están?]
Benjamín respondió de inmediato:
[Ya estamos abajo, pero Fidel está demasiado borracho. Voy a esperar a que se le pase tantito antes de subirlo.]
Zaira leyó el mensaje y, por supuesto, no pensaba esperar a que Fidel se recuperara. Si se le bajaba el alcohol, su plan se arruinaría.
Se miró un momento en el espejo, se acomodó y salió directo hacia la entrada.
...
Mientras tanto, Fidel seguía despotricando, sujetando del brazo a Benjamín.
—¡Esa mujer! Ya he sido bastante paciente con ella, pero aun así, todos los días me amenaza con divorciarse. Dime, ¿existe alguien más difícil de contentar que ella?
—¡Sí, sí! ¡Entendido! ¡Tu esposa es la peor del mundo!

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