—¡Ya basta!
La voz de Verónica retumbó con tal fuerza que Candela se quedó paralizada, sin atreverse a pronunciar una palabra más.
—¡Candela, me decepcionas tanto! —Continuó Verónica, sin ocultar la furia y la desilusión en su mirada—. No creas que todos son como tú, que solo tienen en mente el amor y los hombres, que incluso están dispuestos a dejar los estudios por un hombre.
—¿Acaso sabes lo que hizo Zaira? —siguió diciendo, cada palabra calando hondo—. Cuando Zaira decidió luchar por sus sueños, dejó atrás a su bebé recién nacido y a su esposo. Renunció al amor de su vida por sus ideales. Se fue sin nada, sin pedirle nada a nadie, y llegó hasta donde está hoy. ¿Tienes idea de lo difícil que fue para ella?
—¡Y ahora te atreves a decir que quiere volver con ese hombre! ¡Incluso te atreves a calumniarla delante de mí! ¡Candela, dime, ¿cuándo vas a dejar de pensar siempre en el amor y empezar a tomarte la vida en serio?!
El dolor y la indignación en la voz de la maestra Verónica sacudieron a Candela como una bofetada. Jamás imaginó que la primera persona en dudar de ella, en pensar que era capaz de lastimar a Zaira tal como decían en internet, fuera su propia mentora, la profesora Verónica.
Candela levantó la mirada, con los ojos ardiendo. Pudo ver perfectamente el desencanto reflejado en los ojos de Verónica.
Le dolió. Le dolió más de lo que jamás habría imaginado.
Después de todo, Verónica siempre la consideró la mejor de sus alumnas, la más talentosa, incluso por encima de su propia hija, Zaira. Por eso, la decepción de Verónica fue aún más devastadora.
Ella creyó de verdad que Candela, al volver a presentar el examen de ingreso al doctorado, buscaba empezar de nuevo su vida. Cuando supo que el profesor Marcos la aceptó, Verónica se alegró sinceramente por ella. Pero ahora, enfrentándose a este escándalo por una pelea de celos, no podía evitar ver a Candela como la misma de siempre: una chica que, por amor, era capaz de arruinarlo todo.
A los ojos de Verónica, Zaira quizá no era tan brillante académicamente como Candela, pero al menos tenía una pasión por su carrera que Candela nunca mostró.

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