Al mencionarlo, todos lo recordaron de inmediato.
Las miradas de los presentes iban y venían entre Zaira y Candela, evaluando cada detalle con atención.
Aunque todos ahí eran personas de cierto estatus y no harían comentarios groseros delante de los involucrados, sus ojos lo decían todo. Se comunicaban con miradas llenas de significado.
Especialmente ahora, después de que Zaira mencionó lo que circulaba en internet, todo quedaba claro: su intención no era otra que poner a Candela en ridículo frente a todos.
Sintiendo esas miradas inquisitivas sobre ella, la sonrisa de Zaira se volvió tensa; era evidente que no podía mantener la compostura por mucho más tiempo.
Poniendo como pretexto que tenía cosas pendientes, Zaira se apresuró a salir del grupo.
Apenas ella se fue, los demás se giraron hacia Candela.
Una de las exalumnas, sin rodeos, le soltó:
—Dejaste tu carrera para casarte con un rico y convertirte en la señora de la casa… ¿alguna vez pensaste que una de tus “amigas” te iba a tender una trampa como esta?
Candela se sorprendió por el tono.
—¿De verdad crees que soy inocente en todo esto?
—Con lo enamorada que andabas en esa época, la profesora Verónica casi te regaña en público por querer casarte con Fidel. ¿A poco tú serías capaz de maltratar a su hija?
Otra persona intervino con tono sarcástico.
—¡Exacto! Si tú fueras tan manipuladora como dicen en internet, capaz de lograr que el señor Fidel gaste una fortuna y hasta soborne al profesor Marcos por ti, hasta te aplaudía. Al menos, no te habrías equivocado al dejar los estudios y casarte con Fidel.
—¿Pero qué les pasa? —agregó otra compañera—. Cuando se casó Candela, ya había sido aceptada en el doctorado de la profesora Verónica. Si en verdad Fidel la hubiera ayudado en ese entonces, ahorita ya sería profesora titular. No estaría aquí igual que nosotras.
Candela escuchaba entre divertida y resignada. Las palabras de sus excompañeras sonaban a halagos, pero, si se ponía a analizar, en realidad la estaban criticando.
—Candela, para elegir hombres, te falta la misma visión que tienes para elegir cerámica —remató la exalumna, provocando algunas risas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Hija Llama Mamá a Otra