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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 215

El celular vibró en la mesa. Era un mensaje de Fidel, avisándole que al día siguiente debía ir a la empresa para grabar un video promocional con el departamento de publicidad.

Al leer el mensaje, Candela sintió cómo la amargura le apretaba el pecho.

Tomó el vaso de whisky que tenía frente a ella y lo vació de un solo trago.

Una lágrima rodó por su mejilla y cayó en la copa, mezclándose con el licor, dándole un sabor tan amargo que le costó tragar.

Candela dejó el vaso y, tras despedirse de Antonia, se dispuso a marcharse.

—Ya me voy, ustedes sigan pasándola bien.

Antonia estaba aprendiendo a tocar un instrumento con Federico. Al escuchar que Candela se iba, se levantó rápido para acompañarla, pero en cuanto se bajó del banco, estuvo a punto de caer al suelo. Por suerte, Federico la sostuvo por la cintura justo a tiempo y evitó que se cayera.

Aun así, Antonia insistía con voz terca que no estaba ebria.

Candela observó la escena y le pidió a Federico que cuidara bien de Antonia.

—Ya es tarde y además tomaste, no es buena idea que manejes. Mejor le pido a un amigo que te lleve a casa.

Antes de que Candela pudiera rechazar la oferta, Federico ya le estaba haciendo señas al joven baterista que tocaba en el escenario.

—Claudio, ven. Ella es Candela, amiga de Toñi. ¿Puedes llevarla a su casa y asegurarte de que llegue bien?

El baterista, que parecía aún más joven que Federico, tenía una expresión tan inocente que fácilmente podría pasar por un chico de preparatoria.

Candela no pudo evitar preguntarse si Claudio ya era mayor de edad.

Como si pudiera leerle la mente, Claudio sonrió y bromeó:

—No te preocupes, traigo licencia y todo, manejo seguro.

Ese pequeño chiste logró que Candela se relajara un poco.

Quizás era porque tenía pocos amigos o porque solía desconfiar de los extraños, pero la verdad era que esos chicos tenían un carácter encantador. Con ellos, por fin podía sentir algo de tranquilidad.

—Entonces te lo encargo —le dijo, entregándole las llaves del carro a Claudio.

Ambos salieron del bar uno tras otro.

Faltaba solo una semana para Navidad y las calles ya estaban repletas de luces, adornos y todo tipo de decoraciones. El ambiente era tan animado que bastaba con asomarse para sentirlo.

Candela observó las luces a través de la ventana mientras Claudio, sentado a su lado, no paraba de platicar.

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