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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 205

Fidel regresó a Residencias Monarca.

Las luces de la casa seguían encendidas.

Recordó que, cuando recién se había casado, acababa de tomar las riendas de la empresa y cada día tenía que trabajar hasta muy tarde antes de volver a casa.

En ese entonces, no importaba la hora, Candela siempre lo esperaba abajo.

Apenas él cruzaba la puerta, ella se le acercaba de inmediato, le tomaba el portafolio y el saco, y lo seguía por todos lados, contándole lo que había hecho en el día, lo que Daya había jugado, lo que había comido o lo que había aprendido nuevo.

En aquel tiempo, Fidel solo pensaba que esa mujer era demasiado habladora. Después de estar todo el día lidiando con problemas en la empresa, todavía tenía que escuchar todas esas historias triviales al volver.

Con el tiempo, fue tratándola con más distancia, y cada vez volvía más tarde a casa.

A veces, incluso prefería quedarse a dormir en la empresa.

Candela era una mujer sensible.

Poco a poco, fue hablando menos, pero igual, cada noche, seguía esperándolo hasta que regresara.

La diferencia era que, al llegar, ella ya no lo rodeaba ni lo atendía como antes, solo le ponía la cena en la mesa y luego subía a descansar.

Por un tiempo, Fidel pensó que prefería a esa esposa tranquila y considerada.

Pero ahora...

Fidel se detuvo frente a la puerta.

¿Desde cuándo Candela había dejado de esperarlo despierta?

Parecía que ya había pasado mucho tiempo…

Abrió la puerta.

La luz del sensor en la entrada se encendió, pero la sala estaba completamente a oscuras.

En el sillón, ya no había nadie que se despertara de golpe al verlo llegar, ni una mujer que, como una mariposa, se lanzara hacia él.

Sintió una punzada de vacío en el pecho, y le sorprendió que algo tan simple le afectara.

Esbozó una sonrisa irónica, burlándose de sí mismo por prestar atención a estos detalles.

Fidel se puso las pantuflas y avanzó hacia el interior.

Aún sostenía el ramo de flores en la mano, imaginando cómo reaccionaría Candela al verlo. En el fondo, sentía cierta expectativa.

—Señor, ¿quiere que le prepare algo de cenar? —La empleada, al oírlo llegar, salió al salón para preguntar.

—No hace falta —respondió Fidel, siguiendo su camino hacia las escaleras.

Luego preguntó:

—¿Qué cenó Candela? Si no comió mucho, prepárale unos tamales, puedo acompañarla a comer algo.

La empleada lo miró sorprendida.

—¿La señora también regresó?

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