Zaira no apartaba la mirada de la escena frente a ella.
¡Odiaba este mundo con todas sus fuerzas!
Quería que cada persona que la había traicionado pagara por ello, sin excepción.
En ese instante, el timbre de su celular rompió el silencio del cuarto.
La pantalla iluminó la oscuridad, convirtiéndose en la única fuente de luz en la habitación.
Zaira cruzó la alfombra, pisando los fragmentos de vidrio esparcidos por el suelo.
El nombre de Fidel parpadeaba en la pantalla del celular.
En el rostro extraño de Zaira apareció, por fin, una sonrisa torcida.
Presionó el botón para contestar.
—¿Fidel? ¿Qué pasa, necesitas algo?
Al otro lado, Fidel contemplaba los pedazos de una pieza de cerámica rota sobre la mesa, con el ceño arrugado.
—Zaira, tengo que pedirte un favor —dijo él.
La voz de Zaira se volvió suave, casi como una caricia.
—Fidel, entre tú y yo no hace falta pedir favores. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
Fidel dudó un instante antes de hablar.
—Tengo una pieza de cerámica rota. Me gustaría restaurarla. Eres experta en esto, así que quería preguntarte si hay alguna forma de arreglarla.
Que Fidel la necesitara llenó a Zaira de alegría, pero de inmediato, su tono cambió a uno de ligero reproche.
—Tu esposa también sabe restaurar cerámica, sigue siendo alumna del profesor Marcos, ¿por qué no le pediste ayuda a ella?
Fidel no se molestó en dar explicaciones, simplemente replicó:
—Si es mucha molestia, puedo buscar a alguien más.
—¡Eh, no te aceleres! —interrumpió Zaira—. No he dicho que no te ayude. Restaurar cerámica es cuestión de técnica y paciencia, tráela y te ayudo a repararla.
Fidel lo pensó unos segundos.
—Para mí, esta pieza tiene un significado especial. Quiero intentar repararla yo mismo.
Zaira sintió curiosidad; ¿qué clase de cerámica podría ser tan importante?
—Entonces tráela, yo te enseño cómo hacerlo.
Fidel miró la hora: ya eran las diez de la noche.
—Te espero en la cafetería del hotel, en la planta baja.
No dio oportunidad a Zaira de responder y colgó de inmediato.
Zaira pensó que él iría a su cuarto, pero no, la había citado abajo, en la cafetería.

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