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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 169

Al ver que Candela permanecía en silencio, Fidel se sentó frente a ella.

—En aquel entonces, cuando insististe en divorciarte, yo contacté a tu papá solo porque esperaba que él pudiera convencerte. Incluso le prometí que, si lograba que te olvidaras de esa idea, le daría el apoyo técnico que tanto quería para su proyecto.

Fidel hizo una pausa, la miró, buscando alguna reacción.

—Jamás imaginé que él usaría mi nombre para irse en contra de la empresa de tu hermano.

Como Candela seguía sin decir palabra, Fidel frunció el ceño. Nunca se le había dado bien tratar con mujeres, mucho menos explicar sus razones. Pero si de verdad quería que las cosas funcionaran con Candela, tendría que dejar las cosas claras.

—Aunque el problema de tu hermano no tuvo nada que ver conmigo, seguro él ya te contó que la única razón por la que todo se resolvió fue porque yo metí las manos y conecté a las personas adecuadas.

Pensó en agregar que, siempre y cuando su matrimonio se mantuviera, ambos —y hasta sus familias— podrían prosperar juntos en los negocios. Pero sabía bien que a Candela ese argumento no le gustaba nada.

En el fondo, para Candela lo único importante era el cariño, no los tratos. Y justo eso, el cariño, era lo que Fidel menos entendía ni en lo que confiaba.

Candela seguía tan indiferente como siempre, con esa actitud impenetrable que a Fidel le empezaba a colmar la paciencia. Por costumbre, sacó su cajetilla de cigarros del bolsillo, sacudió uno y se lo llevó a la boca.

El destello del encendedor iluminó por un instante los rostros de ambos.

Fidel levantó la vista, notando cómo Candela fruncía un poco el entrecejo. No encendió el cigarro. Si a ella no le gustaba que fumara, pues no lo haría.

—Ya hablé con tu papá. No va a seguir molestando a tu hermano. En estos días me quedo aquí, en Nueva Arcadia, y le voy a presentar a tu hermano algunos amigos de negocios.

Finalmente, Candela se giró hacia él.

—¿Sabes por qué mi papá usó tu nombre para atacar a la empresa de mi hermano?

Fidel esbozó una sonrisa desdeñosa.

—¿Qué otra razón podría haber? Seguro piensa que tu hermano no es fácil de controlar.

Fidel no pudo evitar compararse. Su propio padre solo había puesto a Genaro en la empresa para ponerle trabas, pero Horacio... los métodos de Horacio eran mucho más duros.

Candela habló con calma.

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