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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 13

Al regresar al salón principal, notó que todos parecían estar preparándose para marcharse.

Se estaba haciendo tarde y, por lo visto, no tenían intención de quedarse a cenar.

Úrsula caminó hacia el sofá con la mirada baja, tomó sus cosas con movimientos muy suaves y se quedó ahí de pie. No se atrevía a irse por miedo a causar otra rabieta, así que permaneció dócilmente en su lugar, sosteniendo con fuerza su pesado bolso de lona.

Se quedó callada, y Lucio tampoco le prestó atención.

Tomás se bajó las mangas de su camiseta que se había remangado hasta los hombros, dejando aún a la vista gran parte de su brazo tatuado.

—Lucho, el niñato de la familia Salazar anda abriendo la boca por ahí, ¿hacemos algo al respecto?

Había estado ocupado resolviendo asuntos fuera de la ciudad los últimos días y escuchó el rumor camino de regreso.

Tampoco era la gran cosa; Tomás lo recordó de repente y lo mencionó de paso.

Lucio no le dio mayor importancia y aplastó su cigarrillo con indiferencia.

—Déjalo que hable.

Lola, que estaba retocándose el maquillaje con un espejo de mano y jugando con su cabello verde, cerró el espejito de golpe al escucharlos.

—Ese imbécil solo ladra, no muerde. No tiene el valor de llevarlo más lejos. Si lo hace, será el único que termine encerrado.

—Un reverendo idiota —se burló Bruno Zúñiga, sacando unos lentes de armazón negro del bolsillo y poniéndoselos.

De todos ellos, él era el único que tenía una apariencia vagamente civilizada. Con los lentes puestos, parecía el típico nerd apático, a pesar de que llevaba una navaja plegable en el bolsillo, la cual se había asomado durante el juego de cartas.

Estaba claro que ninguno de ellos era alguien con quien meterse.

Úrsula intentó no prestar atención a su conversación por miedo a escuchar secretos peligrosos, pero no pudo evitar alzar ligeramente la vista para observarlos con curiosidad.

Ese grupo de personas que llenaban la sala habían estado fuera de la ciudad cumpliendo órdenes de Lucio y apenas habían vuelto a Nueva Alborada el día anterior.

Lola también había viajado con ellos.

Tras pintarse los labios de un rojo exagerado, Lola volvió a preguntar:

—Oigan, ¿y Joaquín? Hace mucho que no lo veo.

Nadie sabía la respuesta.

Lucio no pareció escuchar a Lola, pero al desviar la mirada notó que la chica a su lado observaba fascinada los tatuajes en el brazo de Tomás, creyendo que nadie la veía.

Úrsula fruncía un poco el ceño, preguntándose si no dolería muchísimo tatuarse todo el brazo.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que de repente sintió que la mano del hombre en el sofá la sujetaba del brazo y tiraba de ella hacia él.

—¡Ah!

Totalmente desprevenida, Úrsula se aferró a su bolso y cayó directo sobre el pecho del hombre.

Intentó apoyarse en sus brazos para levantarse, pero al levantar la vista se encontró con la mirada burlona de Lucio.

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