—¿Que no me gusta?
Félix permaneció en su sitio. Inclinó levemente el cuerpo y soltó una risa irónica llena de impotencia antes de hablar lentamente:
—Padre, estoy perdidamente enamorado de ella.
...
Don Humberto abrió los ojos de par en par, mirando a su hijo con absoluta incredulidad.
***
No supieron cuánto tiempo pasó.
Félix y Don Humberto salieron del estudio, uno detrás del otro.
Don Humberto miró a Casiana profundamente y le dijo en voz baja:
—Los abogados de la familia Hidalgo se encargarán del asunto con la familia Vega. Te llevaste un buen susto, descansa bien estos días.
—Sí.
Casiana asintió. No sabía si era su imaginación, pero sentía que la actitud de su suegro se había vuelto mucho más suave hacia ella.
—Tenemos que ir a visitar a Doña Inés —Félix se adelantó y, con total naturalidad, rodeó la cintura de Casiana con su brazo—. No regresaremos a cenar a la mansión.
—De acuerdo.
Don Humberto asintió, viéndolos marcharse.
—¿Qué le dijiste a Félix? —preguntó ansiosa la Sra. Hidalgo.
—Les dije que se divorciaran —respondió Don Humberto—. Pero el tonto de tu hijo dijo que no, que ama a su esposa.
—¡Aaaaaah!
La Sra. Hidalgo soltó un grito agudo de emoción, casi perdiendo el equilibrio.
—¿Félix dijo que le gusta Casiana? ¿No decían los rumores que tenía un amor platónico?
—Si no me equivoco, ese amor platónico es Casiana.
—¿Y por qué no lo dijo antes? —La Sra. Hidalgo se llevó una mano al pecho, tratando de calmar su acelerado corazón—. Siempre creí que le gustaba alguien más.
—Hmph.
Don Humberto entrelazó las manos a su espalda y soltó con frialdad:
—Maldito tonto sin boca.
***
Al salir de la mansión de la familia Hidalgo.
La pareja se dirigió a la residencia de la familia Sotelo.
Sabiendo que Félix vendría, Leticia Sotelo había pasado horas arreglándose, vistiéndose de manera sumamente llamativa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector