—¡Claro que no!
Aldana lo miró con fingido enojo, y dijo con tono tranquilo:
—Él sabe que estás llevando a cabo un plan y le preocupa que te quedes sin dinero.
Aunque a Rogelio normalmente no le gustaba que Sombra estuviera muy cerca de ella.
Desde que supo que ella y su hermano estaban enamorados.
Parecía haber cambiado por completo; se había vuelto realmente generoso con Sombra.
Tenía sentido.
En el fondo, él era una persona tierna y bondadosa.
Sabía que Sombra no le pediría dinero a menos que fuera absolutamente necesario.
—El Sr. Rogelio es tan amable, que de pronto me hace recordar los años antes de que me volviera una arpía... —Sombra sollozó a propósito, murmurando para sí misma—: Prometo que nunca más insultaré a escondidas al Sr. Rogelio.
Rogelio se quedó sin palabras y su rostro se oscureció.
A Sombra definitivamente no le convenía abrir la boca.
—Si necesitas dinero, pídelo, pero no permitas que te lastimen —le advirtió Aldana con voz seria.
—Entendido.
Sombra se mordió el labio, sintiendo una pizca de culpa.
Alda la trataba de verdad como a una hermana de sangre, pero ella planeaba convertirse en su cuñada.
¡Qué pecado!
***
Colgó la llamada.
Aldana también terminó de desayunar. Al salir arreglada, Rogelio ya estaba en la puerta, sosteniendo su bolso.
—¿De verdad no quieres que te lleve a la universidad? —preguntó Rogelio.
—No hace falta.
Aldana tomó el bolso y caminó junto a Rogelio hacia el estacionamiento.
Él subió a su auto deportivo de lujo.
Y ella a su vieja motoneta barata.
El consorcio tenía mucho trabajo últimamente y Rogelio estaba muy ocupado, así que no quería quitarle tiempo.
—De acuerdo.
Rogelio se inclinó, acarició la mejilla de la chica y le dijo en voz suave:
—Avísame cuando salgas, iré a recogerte.
—Sí.
Aldana asintió y, antes de ponerse el casco, le dio un beso.
Alimento para el alma recibido.
Rogelio se sintió feliz y llegó a la oficina con energía de sobra.
Todo el ambiente laboral en el Grupo Lucero era tan agradable como una brisa de primavera.
***
Universidad de la capital.
Aldana estacionó su motoneta y caminó hacia el salón tarareando una canción.
Mientras caminaba, de pronto sintió que alguien la seguía.
Poco a poco, bajó la velocidad.
Al llegar a una esquina, se detuvo a propósito y luego se dio la vuelta bruscamente.

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