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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1494

—¿Q-qué?

Los sobresaltos de ese día habían sido cada vez más fuertes, y la cabeza de Casiana era un caos total.

Simplemente no lograba procesarlo.

O más bien, no.

Tenía miedo de malinterpretar lo que él quería decir.

—Casiana...

Félix la miró fijamente y preguntó con voz profunda:

—¿Te gustaría intentar reconsiderar nuestro matrimonio? ¿De verdad es obligatorio que nos divorciemos?

—¿?

El rostro de Casiana cambió ligeramente. Su primera reacción fue pensar: «¿Acaso se peleó con su amor platónico?»

Entonces... ¿ella era solo su plan de reserva?

Si un día esos dos se reconciliaban, ¿Félix cambiaría de opinión nuevamente y le pediría el divorcio?

—¿Qué quieres decir con eso?

Casiana apretó sus labios rosados, sus ojos brillantes clavados en la expresión seria del hombre.

—Ya no quiero divorciarme.

La nuez de Adán de Félix se movió, y su voz sonó ronca:

—Dime qué es lo que no te gusta de mí. Puedo cambiar lo que sea.

—No es que haya nada malo en ti...

La mente de Casiana se quedó en blanco. Bajó la mirada, con una expresión de clara desilusión.

Lo único malo en él era que no sentía lo mismo por ella.

Supuso que Félix debía haber dicho todo eso por despecho o impulso.

Seguro en un tiempo, cuando se "reconciliara" con su amor platónico, retomarían los trámites de divorcio.

Daba igual.

Ya no quería vivir de manera tan patética, atrapada eternamente en el pasado.

***

Poco tiempo después.

El auto se detuvo. El conductor abrió la puerta y anunció con respeto:

—Joven Félix, señora, ya llegamos a la mansión principal.

—Mmm.

Félix bajó del auto, atrajo a Casiana hacia él, rodeándola con un brazo, y caminaron juntos hacia la entrada.

—¡Ya llegaron!

Al ver a su hijo y a su nuera, la Sra. Hidalgo se acercó feliz, con una gran sonrisa.

—Casiana, escuché que alguien te empujó a la piscina durante la gala. ¿Estás bien?

—Estoy bien —Casiana esbozó una sonrisa—. Gracias por preocuparse, mamá.

—¡Qué atrevimiento el de la familia Vega! ¡Atreverse a tocar a alguien de la familia Hidalgo! —Mientras más hablaba la Sra. Hidalgo, más se enojaba—. ¡¿Y todavía tienen el descaro de llamar para pedir clemencia?! ¡Ni en sus sueños!

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