A la mañana siguiente, el sol ya brillaba en lo alto.
Ivana llevaba rato despierta, pero se limitaba a dar vueltas en la cama, negándose a abrir los ojos.
Si hacía las cuentas, ¡su gran escape no había durado ni siquiera siete días!
Se resistía a enfrentar esa humillante realidad.
No fue hasta que Sifang se acercó a la cabecera y le lamió la muñeca, como exigiéndole atención, que no tuvo más remedio que abrir los ojos.
Al ver su habitación y todo el entorno familiar, dejó escapar un profundo suspiro.
Mientras siguiera respirando, no le quedaba más opción que seguir adelante.
Además, aunque había fracasado, al menos había ganado experiencia. ¡No creía que él pudiera mantenerla prisionera toda la vida!
De hecho, antes de huir, había algo que la atormentaba: ¡su título universitario!
Temía que Nelson enviara a sus hombres a vigilar la entrada de su universidad y se quedara sin poder graduarse.
Pero ahora que estaba de vuelta, al menos tenía que sacar provecho de la situación.
¡Tenía que conseguir su título este año sin falta!
Ivana se sentó en la cama y se tomó unos minutos para prepararse mentalmente antes de levantarse.
Al revisar su teléfono, por fin recibió una buena noticia.
¡Su bono de un millón se había depositado antes de tiempo!
Tras pensarlo con cuidado, transfirió el dinero a una cuenta alterna que estaba a nombre de su madre.
Que su fuga hubiera fallado esta vez no significaba que no iba a prepararse para la siguiente.
Hizo un repaso mental y concluyó que el principal motivo por el que la habían atrapado tan rápido fue no haber renunciado a la empresa de Silverio a tiempo.
¡Nelson había seguido esa pista hasta dar con ella!
La próxima vez, en cuanto tuviera su título en las manos, ¡renunciaría a Alfa Desarrollo de inmediato!
Aunque la fiebre había cedido, todavía se sentía un poco mareada por los estragos de la noche anterior.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado