La espera se volvió interminable.
Nelson se quedó en el pasillo, incapaz de sentarse o quedarse quieto.
Miraba la pantalla de su celular a cada segundo y luego echaba un vistazo a la habitación. Estaba desesperado.
Miles de escenarios cruzaban por su cabeza.
¿Alguien la había detenido? ¿La habían amenazado para que no hiciera los análisis? ¿O alguien había cambiado sus pastillas?
De una u otra forma, ¡algo grave tuvo que haber sucedido ese día!
Estaba dispuesto a descubrir la verdad.
Para su sorpresa, la investigación tomó más tiempo de lo esperado.
Horas más tarde, Santiago finalmente lo llamó.
—Joven amo, ya le envié los videos.
Nelson abrió su laptop al instante y descargó el archivo.
La calidad no era la mejor, pero permitía distinguir claramente lo que ocurría en la sala de espera. Eran las dos de la tarde.
Ivana, con ropa deportiva de color celeste, caminó sola por la entrada.
Se veía exhausta. Se sentó en silencio en la zona de espera, apretando el papel de su turno entre las manos.
Evidentemente, estaba esperando que la llamaran.
Pero entonces, un médico joven se acercó a ella.
Su rostro le resultaba familiar; tenía una apariencia educada, pero la sonrisa en su rostro daba asco.
El hombre se inclinó y empezó a hablarle a Ivana.
Nelson pausó el video y se acercó a la pantalla. De pronto, lo reconoció.
Santiago era el hombre de confianza de la familia. Sabía que Nelson no solo querría ver las imágenes, sino que querría saber exactamente qué habían hablado, por lo que había tardado tanto en interrogar a los testigos.
—Joven amo, ya ubiqué a las personas que estaban ahí ese día. Les pedí que repitieran exactamente lo que se dijo. Le envié los audios —explicó Santiago con su habitual tono sereno.
Nelson abrió el mensaje, reproduciendo el archivo de audio.
—Nosotros solo estábamos charlando. El doctor Cristián fue quien empezó a hablar y nosotros le seguimos la corriente. Dijo que esa mujer era la esposa de un excompañero suyo que tenía mucho dinero. ¡Dijo que era una trepadora que hizo de todo para casarse con un millonario!
—Sí, el doctor Cristián fue quien dijo todo. ¡Nosotros no tuvimos nada que ver! Nos contó que esa tipa era la amante, que el tipo ya estaba comprometido con su exnovia y ella se metió en el medio. Y que por culpa de ella, ¡la pobre exnovia perdió las piernas!
—También dijo que era una inútil mantenida, que no servía para nada más que cocinar y abrir las piernas, ¡que vivía del dinero del marido!
—...Básicamente, eso fue lo que dijo. ¡Nosotros solo lo escuchamos, ni siquiera abrimos la boca! ¡Le juro que no es nuestra culpa!
Con cada palabra que escuchaba, el rostro de Nelson se volvía más oscuro.
Sin dudarlo, ordenó que prepararan el auto de inmediato.

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