—¡No puedo creer que seas tú!
El rostro de Ivana se iluminó de alegría. ¿Acaso no era el mismo hombre enmascarado que la había rescatado en la fábrica?
¡Qué coincidencia tan increíble que fuera amigo de Gilda!
Gilda se puso de pie y lo señaló.
—Él es Liu Fei. Supongo que ya tuvieron el placer de conocerse, ¿verdad?
Ivana se apresuró a responder.
—¡Conque te llamas Liu Fei! Nunca tuve la oportunidad de agradecerte por lo que hiciste. Pase lo que pase, ¡la cuenta de hoy corre por mi cuenta!
Gilda, que amaba el drama y la acción, la obligó a relatar cada segundo de la angustiosa experiencia en la fábrica.
Ivana, para no arruinarle el momento, comenzó a contar la historia.
A pesar de que su tono era bastante tranquilo, Gilda la escuchaba fascinada, como si viera una película.
De pronto, Gilda levantó la mano y le dio un puñetazo amistoso en el hombro a Liu Fei.
—¡Te pasas, amigo! Cuando Ivana me avisó, publiqué en mis redes sociales preguntando si alguien andaba por Estival. ¡Incluso les mandé mensajes directos a todos mis amigos policías! ¿Por qué demonios no me dijiste que estabas ahí?
Liu Fei parecía más que acostumbrado a su forma de ser.
—Estaba en medio de un operativo. Si te hubiera dicho mi ubicación, no habría sido un simple chisme, habría sido una fuga de información clasificada. ¡Me habrían despedido!
Ivana aprovechó la pausa para observarlo con más detalle y notó que los tatuajes que llevaba aquel día habían desaparecido por completo.
Recordó haber escuchado en la comisaría que aquel caso había sido un operativo conjunto entre varias divisiones. Era lógico pensar que Liu Fei había sido trasladado temporalmente para la misión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado