Siete años, y jamás habían estado así.
Sentía como si le hubieran arrancado la mitad del alma.
¡Tenía que encontrarla a como diera lugar!
***
A la mañana siguiente.
Ivana despertó temprano. Justo cuando se preparaba para arreglarse, notó que un número desconocido le estaba llamando de nuevo.
Su primera reacción fue puro terror. «¿Acaso Nelson me encontró?», pensó con el corazón en un puño.
Pero el identificador mostraba que era un número local de Estival. Tras meditarlo un segundo, decidió contestar, aunque no emitió ni un solo sonido.
Del otro lado de la línea, se escuchó una voz que la llenó de un pánico aún mayor.
—Ivana, cuánto tiempo sin saber de ti. Escuché que te mudaste a la capital y te das la gran vida en una mansión. Es una lástima que mi hermano haya pasado todos estos años en prisión por tu culpa. Aún sigue encerrado, ¿sabes?
La voz del hombre era grave, áspera y cargada de un tono desenfadado.
A pesar de los años, Ivana lo reconoció de inmediato. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, calando hasta la médula.
—Esta vez no podrás poner la excusa de que no tienes dinero. ¡Y no olvides que aún tengo cómo destruirte!
El hombre hablaba con burla, pero sus palabras eran escalofriantes.
Ivana sintió que se quedaba sin aire. Ante sus ojos apareció el recuerdo de aquel rostro retorcido y la luz cegadora del flash que la apuntaba.
—Pagar las deudas es ley de vida. Capital más intereses... Han pasado muchos años, ¡ya va siendo hora de que ajustemos cuentas!
Ivana se mordió el labio con tanta fuerza que sintió el inconfundible sabor metálico de la sangre.
Su mente le gritaba que lanzara el teléfono lejos, pero su cuerpo parecía estar congelado, incapaz de moverse.
Las imágenes de un recuerdo que creía haber sepultado comenzaron a surgir con terrible claridad, arrastrándola una vez más a aquel abismo de desesperación y humillación.
La llamada finalizó sin que ella se diera cuenta.
Se escuchó el tono de ocupado. La llamada había terminado.

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