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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 274

Cuando las manecillas del reloj marcaron las diez, Horacio se acercó para avisarles que ya era hora de descansar.

Ivana se vio obligada a incorporarse para marcharse.

Su madre miró la oscuridad de la calle, algo inquieta.

—¿Por qué no te quedas a dormir hoy?

Ivana negó con la cabeza.

—No hace falta. Nelson vendrá a recogerme. No te preocupes, estaré bien.

Emilio salió de su habitación y agitó la mano.

—¡Adiós!

Su madre la acompañó hasta la puerta, dándole las típicas recomendaciones.

—Ve con cuidado y mándame un mensaje apenas llegues a casa.

Ivana asintió a todo y se despidió de ellos con una sonrisa.

Al cruzar la puerta del edificio, el viento gélido le golpeó el rostro de inmediato.

Se cerró bien el abrigo y esperó un buen rato en la acera hasta que logró parar un taxi.

A través del espejo retrovisor, Ivana vio cómo el edificio donde vivía su madre se convertía en un pequeño punto de luz hasta desvanecerse en la noche.

Cuando llegó al Residencial Valle de Ónix, ya era muy tarde.

La recibió una oscuridad sepulcral. En la sala vacía, solo la fría luz de la luna iluminaba el suelo de madera.

Pero, de repente, una pequeña bola de pelos salió corriendo de detrás del sofá.

Al llegar a sus pies, el perrito empezó a mover la cola a toda velocidad.

Ivana encendió la luz y se agachó. Moneda no tardó en frotar su naricita húmeda contra la palma de su mano.

En ese instante, toda la amargura que sentía fue arrastrada por una ola de ternura.

¡Al menos ya no estaba sola!

Resultaba que cuando las personas que amabas encontraban a alguien más importante en sus vidas, tu mundo no se derrumbaba; simplemente se despejaba, abriendo paso a un cielo nuevo e infinito.

***

¡Al día siguiente era el siete de enero!

La noche anterior, Nelson tampoco había vuelto, pero Ivana durmió profundamente abrazada a su perro.

Se levantó de muy buen humor y hasta se maquilló para verse hermosa.

El día estaba despejado, ideal para sacar a pasear a su mascota.

Pero antes de hacerlo, decidió llamar a Nelson por teléfono.

Nelson seguía en el hospital.

Llevaba dos días durmiendo en la sala de descanso. Al despertar, arrojó su ropa sucia a la lavadora.

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