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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 275

—¡No me hagas esto, Ivana!

Nelson cayó de rodillas de golpe, golpeando el suelo con fuerza, sin la más mínima vacilación y despojándose de cualquier rastro de dignidad.

Ivana se vio obligada a detenerse. Su cuerpo se tensó, pero no se volteó.

—¡Te juro que no te mentí! Ya te había contado que tuve una novia antes, ¡pero te juro que no tenía idea de que era la hija ilegítima de tu papá!

—¡No lo sabía! No es mi culpa, ¡no me puedes castigar por esto!

Pero Ivana siguió sin mirarlo.

Si no hubiera sido por aquella foto de la fiesta de graduación que vio de casualidad, habría seguido engañada toda la vida.

¡Resultaba que la dichosa exnovia de Nelson era Yadira!

¿Por qué, de entre todas las personas del mundo, tenía que ser Yadira?

¡La persona que más odiaba, la misma que le había robado el amor de su padre!

¿Y ahora resulta que ambas se habían enamorado del mismo hombre?

Solo pensar en eso le provocaba escalofríos de repugnancia.

—¡Te lo juro! ¡No sabía que ustedes eran hermanas, y además yo ya había roto con ella hacía muchísimo tiempo!

Nelson se aferró a ella con ambos brazos, impidiéndole dar un paso más.

Sus ojos ardían con una obsesión casi frenética, ¡agarrándola con desesperación!

Como alguien que se ahoga y se aferra a la última tabla de salvación, ¡se negaba a soltarla por nada del mundo!

—Ivana, dame una oportunidad más, ¿sí? ¡Te lo ruego!

Al recordarlo ahora, los sentimientos de Ivana eran un caos.

Todo fue culpa de su propio corazón blando. Si tan solo hubiera terminado esa relación en ese momento, ¡qué diferente habría sido todo!

¡Un dolor breve era mil veces mejor que un sufrimiento interminable!

Quizás así se habría ahorrado estos cuatro horribles años.

De vuelta en el Residencial Valle de Ónix, Ivana empezó a picar y preparar los ingredientes.

Quizás por la falta de práctica, sus manos se sentían torpes y hasta se le quemaron las albóndigas.

Hizo un gran desastre en la cocina, pero al final logró preparar una cena completa con cinco platillos y una sopa.

La hora a la que Nelson solía salir del trabajo se acercaba.

Ivana se sentó en el comedor a esperar. Como detalle final, le añadió a cada uno de los platos un pequeño toque especial...

¡Pastillas para dormir!

Afuera ya había oscurecido por completo.

Al observar la luz de la luna que empezaba a asomarse por la ventana, se sintió mucho más en paz de lo que había imaginado.

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