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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 268

En ese preciso instante, Ivana sintió que el rincón vacío que llevaba en el pecho acababa de ser llenado por algo cálido.

Para cuando Nelson dio con ella, ya había caído la noche. Como Ivana lo había bloqueado de su celular por enésima vez, cuando entró a Residencial Valle de Ónix estaba furioso, irradiando una energía tan oscura que daba escalofríos.

Sin embargo, al aparecer en la puerta del baño, Ivana ni se inmutó. Siguió concentrada lavando al perro, sin levantar la mirada. Sabía que era él; había escuchado la puerta principal desde hacía rato.

—Billete, ¿a poco no se siente rico bañarse? ¡Vas a quedar muy olorosito y limpio en un momento!

Ivana acababa de ponerle nombre: ¡Billete! ¡Qué bonito significado para atraer la abundancia!

El perrito era muy inteligente. No se sacudía la espuma para no ensuciar, solo daba de vueltas en el piso mostrando su pancita rosada.

Ivana soltó una carcajada sincera, la primera en muchos meses.

Nelson, que un segundo antes estaba rechinando los dientes de la rabia, se quedó embelesado al verla sonreír. Después de un momento de estupor, soltó con voz áspera:

—¿De dónde sacaste a ese perro callejero? ¡Hoy es Fin de Año! ¿Y a ti se te hace fácil dejarme completamente solo allá?

Ivana le dedicó una mirada gélida y no dijo absolutamente nada.

Nelson frunció el ceño con fuerza. Mientras más lo pensaba, más indignado se sentía. ¡Estaba convencido de que ahora importaba menos que un perro!

Ivana seguía frotando con esmero los nudos del pelaje de Billete. Como el agua de la llave caía sin parar, la verdad es que no había escuchado ni una palabra de los reclamos de Nelson.

Cuando finalmente terminó de secar al perrito con la secadora y salió del baño, se dio cuenta de que la televisión estaba encendida y la sala, que antes era un caos, había sido recogida.

Nelson estaba sentado en el sofá. Aunque la pantalla brillaba frente a él, su mirada estaba clavada en un vaso de agua fría que reposaba sobre la mesa de centro. Tal vez era una ilusión óptica, pero sus ojos se veían ligeramente enrojecidos.

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