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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 116

A duras penas, Nelson aguantó hasta que terminó su turno. Le pidió a Luis que lo llevara directamente a Residencial Valle de Ónix.

Al llegar a la entrada, se dio cuenta de que, sobre la moderna cerradura de código de ayer, ahora había un candado viejo y corriente.

Se veía bastante feo y tenía un grillete muy grueso.

Era obvio a quién quería mantener fuera.

Nelson no pudo evitar soltar una risa amarga. Le hizo una seña a Luis.

—Ve a la ferretería de al lado y compra una segueta.

Cuando Luis regresó con la herramienta, Nelson sujetó la delgada y frágil hoja con los dedos y comenzó a cortar el candado.

El metal chilló con un sonido insoportable, de esos que te ponen los dientes de punta. Bajo la tenue luz de la calle, las chispas saltaban por todas partes.

En poco tiempo, ¡el grillete del candado se rompió!

No importaba qué tan complejo fuera el código o qué tan grueso fuera el nuevo candado. ¡A veces, lo más simple es lo más efectivo!

Por eso, cuando Nelson apareció en la puerta, envuelto en un aire gélido, Ivana se quedó de piedra.

—¡Pero si le puse otro candado!

Nelson la fulminó con la mirada.

—¿Quieres saber cómo entré? —dijo, agitando la segueta que tenía en la mano.

Ivana no podía creerlo.

Nelson soltó una risa burlona.

—¿Vas a llamar a la policía? Adelante, tengo nuestro certificado de matrimonio. La casa que rentaste es tan mía como tuya. ¿Por qué no podría venir?

Ivana se quedó muda; por dentro lo mandó directito al demonio.

—Clarisa me acaba de mandar un mensaje —continuó él—. ¿Por qué tu abogado, Federico, tarda tanto en responder? Le pide una cita y él dice que está ocupado. Si no sirve, cámbialo por alguien más profesional de una vez. ¡Deja de darle largas al asunto!

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