—¡Felicidades, Ivana, por ganar esta competencia! ¿Le pusiste nombre a tu dron?
Ivana levantó la cabeza; el sol le pegaba de frente y le calentaba la cara.
—Claro que sí. Se llama Pájaro Azul.
Un pájaro debe volar hacia el cielo que le pertenece, no estar encerrado en una jaula.
Silverio asintió.
—Buen nombre.
Ivana sonrió. Sabía que algunas costumbres se pierden con el tiempo, y en su mirada, la nostalgia fue reemplazada por una firme determinación hacia el futuro.
Sin embargo, esto era solo el comienzo. Todavía tenía mucho que aprender.
Por ejemplo, en la penúltima vuelta, su dron había cometido un error evidente. ¡Tenía que volver y seguir perfeccionando el sistema!
—Silverio, ¿quién era el piloto que casi me rebasa?
Silverio se sorprendió un momento y señaló a una chica que estaba no muy lejos.
Era muy joven, apenas de unos veinte años.
—Esa chica se llama Sharon. Es la subcampeona del año pasado de la que te hablé. Ha mejorado mucho en esta competencia, pero su estilo es mucho más agresivo que el tuyo.
Era raro encontrar un oponente a su altura, y además, de una edad similar.
Ivana se acercó a ella por iniciativa propia y le habló amistosamente:
—¿Tú eres Sharon? En el tramo de alta velocidad, la estabilidad de tu dron me puso bajo mucha presión. Casi me sacas de ritmo. ¡Mucho gusto, soy Ivana!
Pero la expresión de Sharon era sombría. Al verla, golpeó con fuerza su control remoto contra la mesa de puntuación.
—Si ganaste hoy fue por pura suerte. Tengo mucha más experiencia que tú, ¿cómo podría ser peor? ¡Espérate, la próxima vez te ganaré!
Ivana se quedó desconcertada. Por una vez que intentaba hacer una amiga, parecía que la otra persona no estaba interesada.
Sharon miró la pulsera de AlfaDesarrollo que Ivana llevaba en la muñeca, luego miró a Silverio, que la observaba desde lejos, y dijo con frialdad:

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