Erika no encontraba un motivo para negarse y también temía que hacerlo despertara las sospechas de Valerio.
Optó por responderle con un tono relajado:
—Isabel, puedes salir a pasear cuando quieras. Mañana habrá ambiente, así que si quieres quedarte aquí a pasar el rato, por mí está bien. Lo que te haga feliz.
—Ay, sí, eres la mejor hermana del mundo. —Isabel abrazó a Erika y añadió—: Entonces... platiquen ustedes dos un rato, yo iré al vestidor a escoger ropa bonita. Por cierto, Erika, ¿por qué no he visto tus cosas de maquillaje? ¿Ya no te arreglas?
Erika asintió suavemente y le explicó:
—Sí, mi piel se irrita con facilidad y como casi no salgo de casa, prefiero no maquillarme. Tú tienes un cutis hermoso, incluso al natural te ves preciosa.
Al escuchar el halago, el rostro de Isabel se iluminó con una gran sonrisa de satisfacción.
Se tocó las mejillas y dijo muy sonriente:
—Erika, tú eres la más guapa de las dos. Tienes la piel tan blanca y con un tono tan rosadito que me cuesta creer que no traigas ni una gota de base.
Erika le apretó la mejilla con fingido cariño.
—Tú eres la más hermosa, Isabel, y además te vistes con mucho estilo. Anda, ve a escoger algo lindo para ponerte.
Los halagos dejaron a Isabel sintiéndose en las nubes. Asintió contenta y subió las escaleras muy emocionada.
Una vez que Isabel desapareció por el pasillo de arriba, Erika volteó hacia Valerio y le habló con voz suave:
—Tu amigo regresó del extranjero, me imagino que vendrán otros conocidos suyos. ¿La bienvenida será en el jardín trasero o adentro de la casa?
—La segunda parte de la fiesta se puede hacer en el jardín —respondió Valerio.
Erika lo pensó un momento antes de continuar.
—Entonces... al rato le aviso a los empleados que mañana me suban la comida a la recámara. En cuanto a Isabel...
—¿Qué quieres decir con eso? —la interrumpió Valerio, frunciendo el ceño, visiblemente confundido.

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