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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 179

Tras pedirle a su chofer que lo esperara en el carro, Ireneo agarró a Erika de la muñeca y se dirigieron hacia el elevador.

Mientras caminaban, Ireneo le comentó de forma amable:

—Valerio es un terco, lo sé perfectamente; él te lastimó mucho pidiendo esa prueba de paternidad, pero llegando allá arriba lo voy a obligar a que te pida perdón.

A Erika se le atoraron las palabras en la garganta y las lágrimas se le empezaron a acumular en los ojos.

Controló un poco sus emociones y le preguntó con voz apagada:

—Y entonces... abuelo, ¿tú sí me crees?

Ireneo bajó la velocidad, la vio de frente y le contestó con total seriedad:

—¿A poco ya se te olvidó cómo nos conocimos? Aquella vez que me puse malo de la nada, nadie quiso ayudarme; tú fuiste la única que no le tuvo miedo a meterse en problemas. ¿Cómo crees que una muchacha tan valiente y de buen corazón andaría haciendo porquerías?

—En cuanto a Valerio... será muy inteligente para sus negocios y lo que quieras, pero para mí sigue siendo un escuincle baboso que todavía no madura. Si te pidió el divorcio y te armó todo este teatro, te apuesto lo que quieras a que alguien le está lavando el cerebro y le metió chismes en la cabeza.

Para cuando Ireneo dijo eso, llegaron justo al elevador.

Ya adentro, él le echó un vistazo de reojo a Diego, que venía pisándoles los talones, y continuó:

—Eri, tú ni te mortifiques, aquí estoy yo. ¿Eh?

Lo que Ireneo le dijo la conmovió profundamente, pero también la llenó de tristeza.

Don Ireneo sí le creía ciegamente, mientras que Valerio no hacía más que sospechar de ella en todo momento.

Por un rato, Erika no supo ni qué decir.

Quiso abrir la boca para rogarle al señor Ireneo que ya dejara de tratar de juntarla con Valerio.

Es más, hasta pensó en pedirle de favor que parara a Valerio y le impidiera quitarle a sus bebés.

Pero se sintió insegura, le dio miedo.

Porque incluso si Valerio decidiera desentenderse de los niños, era obvio que don Ireneo querría quedarse con sus bisnietos a toda costa.

Erika prefirió no decir nada; solo agachó la cabeza y se quedó viendo el piso del elevador como si estuviera hipnotizada.

***

Poco después, llegaron al piso que les tocaba.

Aquel pasillo infinito estaba completamente desierto.

Capítulo 179 1

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