Valentina no hizo más preguntas. Si Leticia quería que guardara el secreto, sin duda tenía sus motivos. Había sido ella quien irrumpió accidentalmente en el mundo de Leticia en ese momento, obligándola a pedirle aquel favor.
Lo más probable es que todo esto tuviera que ver con Ricardo Mendoza.
—Te lo prometo.
Antes de subir al auto, Leticia le entregó un pequeño papel.
—Este es mi número. Si alguna vez necesitas algo, llámame.
Miró de reojo a Mateo Solís, quien no les había quitado la vista de encima desde la distancia. Estando con él, dudaba que Valentina llegara a necesitar su ayuda alguna vez.
Tras ver alejarse el auto de Leticia, Valentina levantó la vista justo cuando Mateo acercaba el vehículo hacia ella.
Él nunca fue un hombre de chismes, y mucho menos tratándose de personas con las que apenas tenía trato, así que en lugar de preguntar qué hacía Leticia allí, comentó:
—Ese hombre que estaba con Leticia me resulta familiar, creo haberlo visto antes.
—Él también es de Miramar —explicó Valentina—. Es muy probable que sí lo hayas visto.
*¡Ding, dong!*
El teléfono sonó.
Valentina lo desbloqueó. Era un video que Lucas Ortiz acababa de enviarle.
Esta vez no era una grabación de seguridad, sino un video tomado directamente con el celular.
Estaba grabado en los jardines de Villa Esmeralda. Había un sol espléndido y el espacio era amplio, perfecto para que los niños jugaran al aire libre.
Capitán llevaba un frisbee en el hocico. El perro corrió con todas sus fuerzas y soltó el disco de un sacudón. Cachito, que ya caminaba con bastante firmeza, primero levantó la cabecita para ver hacia dónde volaba el juguete, y en el instante en que este tocó el suelo, movió sus piernecitas a toda velocidad para ir a recogerlo.
El niño miró el frisbee que sostenía en sus manitas, dudó un segundo y de pronto levantó los brazos.
Justo cuando parecía que iba a imitar al perro y morder el disco, una figura alta e imponente apareció a zancadas desde el punto ciego de la cámara. El hombre le arrebató el frisbee con una mano, mientras con la otra señalaba a Capitán, que estaba a unos pasos.
—Definitivamente ya no pueden pasar tanto tiempo juntos. Mira las mañas que te está pegando.
Como si entendiera, Capitán le soltó un par de ladridos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....