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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 557

Tras la resolución del tribunal, Sebastián Correa pasó una semana trabajando desde casa. Después de eso, salvo los fines de semana o días festivos, empezó a llegar a la oficina con estricta puntualidad y se iba exactamente a su hora.

Aparte de ciertas restricciones en sus facultades directivas, a los empleados del Grupo Correa les parecía que, condenado o no, las cosas seguían siendo exactamente iguales que antes.

Si hubiera que señalar una diferencia real, sería su oficina.

En el pasado, cualquiera que entrara a reportarle un informe sentía que el lugar era demasiado frío y distante.

No solo por la paleta de colores en tonos blanco, negro y gris, sino por su decoración extremadamente minimalista. Los inmensos ventanales frontales daban al espacio una sensación de amplitud que, paradójicamente, generaba una opresión asfixiante.

En ese preciso instante, de pie frente al escritorio, el Director Salgado del departamento de planificación le estaba confesando un error en su trabajo. Había respondido temblando a cada una de sus preguntas, preparándose mentalmente para la reprimenda de su vida.

Todos en la industria sabían que Sebastián Correa era un perfeccionista obsesivo en los negocios y que no toleraba el más mínimo error.

Sin embargo, Sebastián se limitó a hojear el documento y dijo con frialdad:

—Que no se repita.

El Director Salgado se quedó paralizado por la sorpresa.

De repente, desde el corralito azul claro ubicado a la derecha del escritorio, comenzó a sonar un rítmico *toc, toc, toc*, como el sonido de un tamborcito de madera.

El hombre miró por el rabillo del ojo. Un precioso bebé, con mejillas que parecían de porcelana, había tirado el juguete, se había agarrado del borde del corralito y lo observaba con unos enormes ojos redondos.

¿Ese era el pequeño heredero del señor Correa?

¡Qué cosita tan adorable!

—¡Ji, ji! —El bebé le sonrió, dejando a la vista sus cuatro dientecitos.

Incapaz de resistirse a aquella risa, el hombre esbozó una sonrisa también. Pero un segundo después, sintió una mirada cargada de pura presión que lo devolvió a la realidad, haciéndole bajar la cabeza de inmediato, muerto de miedo.

—Si no hay nada más, puede retirarse —dijo Sebastián levantándose de su silla.

Se acercó al corralito y, con movimientos expertos, le quitó el babero empapado a Cachito para cambiarlo por uno seco.

Capítulo 557 1

Capítulo 557 2

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