Sebastián se levantó para ir al baño, y poco después comenzó a escucharse el ruido del agua de la ducha cayendo.
Al terminar, salió con una toalla a la cintura, secándose el cabello, y echó un vistazo hacia la puerta.
Cuando había llevado a Cachito de vuelta a su habitación a medianoche, no había cerrado la puerta del todo, dejándola entreabierta para poder escuchar cualquier ruido inusual.
Pero al salir hace un momento, Cachito la había abierto de par en par. Ahora podía escuchar con total claridad las risas y los ladridos que venían desde la habitación infantil.
Llevaba escuchando la risa de su hijo y los ladridos de Capitán a diario; ya le parecían parte de la rutina.
Sin embargo, la risa de la mujer que se mezclaba entre esos sonidos hizo que sus manos, que frotaban la toalla contra su cabeza, se detuvieran por inercia.
—Mmm... ¡hueles delicioso, mi amor!
—¡Mamá te ama, te ama muchísimo! ¿Cómo puedes ser tan hermoso?
—Ven, deja que mamá te dé un abrazo fuerte. ¡Oh! ¿Capitán también quiere abrazos? ¡Vengan, abrazo para los dos!
Parecía que se estaban divirtiendo a lo grande.
Una gota de agua resbaló por las puntas de su cabello. Sebastián se frotó la cabeza rápidamente un par de veces más y caminó hacia el vestidor.
Al abrir el clóset, junto a su ropa, colgaba en perfecto orden toda una hilera de ropa de mujer; todo lo que Valentina no se había llevado la última vez. Algunas prendas incluso tenían las etiquetas puestas.
La noche anterior, ella le había dicho que ya no quería nada de eso.
Él lo contempló en silencio, tomó un conjunto de ropa de estar por casa y cerró la puerta del armario.
Si ella no los quería, era su problema. Que él decidiera guardarlos era asunto suyo.
Alguien llamó a la puerta de la habitación. Sebastián se vistió a toda prisa y salió del vestidor.
Al ver a Lucas esperando afuera, su ceño se movió levemente y dijo en tono indiferente:
—Pasa.
Ese tono...
Lucas fingió no notarlo y entró en la habitación con paso firme.
Sebastián se acomodó el cabello hacia atrás y fue a sentarse en el sofá. Sus largas piernas descansaban abiertas de forma casual mientras levantaba un peluche que Cachito había dejado tirado allí el día anterior, y lo colocaba cuidadosamente en el reposabrazos.
—Ya investigué sobre el hombre que acompañó a Mateo Solís anoche. Es el médico tratante de la señorita Vargas.
Así que era su médico personal.
Pero por la forma en que ella corrió hacia el auto la noche anterior, era evidente que tenían una gran confianza.
Valentina confiaba plenamente en ese hombre.
Tras reportar aquello, Lucas procedió a repasar la agenda de trabajo del día.
Aunque Sebastián todavía seguía bajo libertad condicional, tenía demasiados asuntos corporativos que gestionar. Normalmente se habría llevado a Cachito a la oficina, pero ese día ya no era necesario.
...
Al pasar frente a la puerta de la habitación infantil, Lucas, que caminaba un paso atrás de su jefe, notó claramente que Sebastián reducía la velocidad.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....