Si Vicente Vargas realmente había estado escondido en Miramar todo este tiempo... ¿Cómo logró burlar a todos durante más de diez años?
Y en ese caso, ¿de quiénes eran los dos cadáveres del accidente?
La gran frustración de Sebastián era no poder conseguir muestras de ADN de los esposos Vargas cuando aún vivían.
El cabello que había encontrado en Villa de los Recuerdos no había sido preservado correctamente; el folículo estaba destruido y fue imposible extraer ADN válido.
Y el polvo de las urnas funerarias de los esposos Vargas que mandó a intercambiar, terminó dando el mismo resultado nulo.
Así era. Las dos urnas que Valentina había esparcido en el mar no contenían las verdaderas cenizas de sus padres; eran simplemente polvo que él había ordenado colocar para dar el cambiazo.
Todo esto eran meras hipótesis sin confirmar, y no permitiría que la situación llegara a un punto de no retorno hasta tener pruebas concluyentes.
Valentina tenía un carácter fuerte. Él siempre supo que sería capaz de deshacerse de esas urnas con tal de romper con el pasado.
Pero cuando Lucas le informó que Valentina había arrojado las supuestas «cenizas» al mar, reconoció que por un instante el pánico lo invadió. Fue entonces que, presa de la desesperación, se disfrazó de Aein y corrió hacia la playa sin detenerse a pensar.
Al recordar aquellos eventos, Sebastián tomó el pequeño perro de cerámica del escritorio y lo apretó con fuerza entre sus dedos.
—Valentina, espero no haberme equivocado.
Había ordenado a Lucas iniciar una investigación profunda, rastreando nuevamente todo el historial romántico de los padres de Valentina.
Sin embargo, al tratarse de enredos sentimentales de la generación pasada y habiendo transcurrido tanto tiempo, recopilar información requería un esfuerzo monumental.
Por suerte, la eficiencia de Lucas era implacable.
—Señor Correa, toda la información está en esta carpeta.
Lucas le entregó el archivo perfectamente organizado.
Sebastián comenzó a hojear los documentos.
Vicente Vargas era el hombre al que Diana de Correa amaba de verdad.
Lucía Miranda era el gran amor de juventud de Francisco Figueroa.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....